lunes, 13 de agosto de 2012

la ignorancia es dicha

Desperdiciando un poco de mi vida en internet, encontré el siguiente comercial de una cadena de televisión en Argentina que se especializa en deportes:


(por si los gomías de YouTube lo sacaron por cuestiones de regalías y esas cosas, buscar "así son los argentinos")

En mi opinión es un video simpático, una publicidad, nada sobre lo que perder el sueño, discutir o analizar en demasiada profundidad. Hasta ahí todo bien. Pero si uno se pone a ver los comentarios, encuentra joyas como esta:

Mira hambrentino de mierda cuantos miss universos a gando tu miserable pais hahaha ninguna son un asco Mexico tiene 2 haha tu pais es una mierda llena de gente fea sin cultura y sin honor. se asen llamar la europa chica porque no tienen nada mas que ofreser haha la gente nomas se rie de ustedes nunca an ganado ni una sola guerra.

Evidentemente, para encontrar un individuo como este uno tiene que rascar y cavar muy profundo en los estratos sociales, académicos e intelectuales. No me jacto de conocer México, pero tuve la hermosa oportunidad de visitarlo por unos días y tengo amigos mexicanos, y esto simplemente me llena de tristeza. No estoy enamorado de México, pero lo respeto y a su gente simplemente porque se lo merecen.
Pero para no sentirme menos representado, también algún estimado compatriota se tomó la molestia de iluminar mi vida con esta pieza de buen sentido común, objetividad y tacto:

q cargosos q son estos indios mexicanos x dios en kuakier video q veo de argentina ay un comentario de ellos jajaj tanta ganas de parecerse anosotros tiene xq yo en mi caso juro q nunk entre aver un vcideo de un mexicano y estoy seguro q un argentino tmp xq los argentinos sabemos qsomos lo mas grande del mundo y todos nos miran a nosotros

Como se ve, la inteligencia no tiene fronteras.

Acá mis comentarios y observaciones personales. El que no esté de acuerdo, por favor no insulte: mejor explique y así podemos aprender todos.
Si bien estos dos ejemplos de comentarios son deplorables (por señalar algo, en el caso del mexicano conté 34 faltas entre las de ortografía, semánticas, de puntuación y anglicismos, mientras que el argentino se contentó con 24, el muy modesto) la triste realidad es que representan el pensamiento de más de uno en una y otra nación.

¿Por qué?

Por ignorancia.

Ambos, a pesar de que sus comentarios se originen en falencias propias, tienen un poco de razón. No solamente de estos dos comentarios en particular sino de muchos otros por el estilo y en contextos similares, uno puede ver un denominador común y empezar a preguntarse qué tanto de verdad hay. En el caso de la aversión que he observado, experimentado y escuchado de los mexicanos hacia los argentinos, mi conclusión personal es que se basa en lo que ya mencioné: ignorancia. Ignorancia del sentido del humor argentino, que como muchos, es particular. Los argentinos disfrutamos hablando en doble sentido, riéndonos de nosotros mismos y simplemente pasando el rato diciendo estupideces. Para peor, somos italianos hablando español. Cualquiera que haya andado por el mundo y de pronto en un colectivo en Malasia le parezca escuchar a un argentino parloteando, que pare la oreja: a lo mejor es un tano. Con ruido de fondo suenan igual.
Si a uno no le gustan los argentinos (con o sin razón), escucharlos hablar es una fuente infinita de "motivos" para encontrarlos todavía más desagradables. Lo que se les escapa a los mexicanos, y en esto no están solos, es un pequeño pero decisivo detalle: no hay nadie, a ver si queda claro, N-A-D-I-E que tenga una opinión más crítica y negativa de los argentinos que un argentino. Hay desubicados, ignorantes y estúpidos a secas, pero en el promedio somos una nación bastante consciente de lo ineptos que somos como... bue, como nación. Eso les aseguro que no se nos escapa. Teorías de por qué en particular los mexicanos, siendo la nación latinoamericana geográficamente más alejada de Argentina, gastan tantos recursos en criticarnos, es algo que cada mexicano tendrá que conversar con su almohada. Se me ocurren cosas como envidia, ignorancia e hipocresía, pero la verdad es que no sé y no me importa. Me interesa porque tengo una mente inquisitiva y me da curiosidad porque soy humano, pero en definitiva no me importa.
Ahora, todo esto no implica que los mexicanos estén tan errados. A lo mejor sí somos todo lo que ellos dicen y más. O menos, según cómo se lo mire. Más estúpidos, arrogantes o inútiles. Menos dignos de estar en este planeta, menos interesantes, menos blancos.
A ver, analicemos. Hasta 1492 América estaba poblada de sus aborígenes, con corrientes migratorias como cualquier otro rincón del globo. Los españoles primero, y otros europeos después, llegaron y mataron todo lo que se interpuso entre las riquezas del "nuevo" continente y las arcas propias y las de sus amos en la realeza del viejo continente. Por suerte, salvo en la parte norte del sub-continente norteamericano que hoy ocupan EE.UU. y Canadá, los nativos lograron a duras penas sobrevivir y hoy eso es Latinoamérica. En ella, hubo una región que vivió la inmigración europea una segunda vez: la que rodea al Río de la Plata, y así es como encontramos una población mayormente de origen europeo en Uruguay y el centro de Argentina.
Ahora yo me pregunto: ¿es tan importante ser blanquito y no "indio"? En lo personal, como descendiente de europeos, sin una mísera gota de sangre aborigen, nunca se me cruzó ni remotamente por la cabeza que sea superior a nadie. O inferior. O distinto de alguna manera que justifique insultar o tolerar un insulto. Y sin embargo al señor este se le ocurre descalificar a un mexicano llamándolo indio, como si eso fuera efectivamente un insulto. En una cosa algo de razón tiene: cada vez que en un entorno como YouTube aparece algo argentino, algún mexicano como que no puede aguantarse la necesidad de dar con un hacha. Esto es algo que viví en carne propia en México, donde escuché a gente hablar de Argentina como si fuera aquél vecino ruidoso al que las viejas se entretienen criticando. Pareciera que criticar a los argentinos es una de esas actividades que no tienen un propósito en sí mismas, sino que ayudan a crear un sentimiento de pertenencia, como coleccionar estampillas. No sirven para nada, ni para hacer fuego, pero son una credencial de membresía que nos facilitan la aceptación en un grupo, y sus "dogmas" se repiten durante tanto tiempo y tan mecánicamente, que ya nadie se pone a pensar en los orígenes. Una especie de religión que niega las pruebas o el razonamiento. Muestra de esto es que todos los mexicanos que han pasado por Argentina cuentan lo lejos que estamos de llenar el rol que se nos adjudica. Casi como que decepcionamos. No hay que ser Einstein para no sorprenderse...
En contraste, en Argentina, si uno le pregunta a 100 personas en la calle qué opinan de los mexicanos, la mayoría te van a mirar como diciendo "¿y este qué le picó?". No van a tener ninguna opinión. Punto. México no forma parte de nuestra realidad. Tenemos suficiente con Argentina, créanme. Y no es porque no podamos ver más allá de nuestro ombligo, sino porque es un caos tan obliterante que no te quedan ganas de nada. Encima, las pocas referencias de México que nos llegan son generalmente positivas (¿a quién no le gusta El Chavo del 8?) que realmente no genera crítica.
Sin embargo, y esto da para mucho, en Argentina se usan palabras como negro, indio, paragua o bolita en forma despectiva, y eso es inexcusable. Como argentino me avergüenzo porque tengo que admitir que en algún momento de mi vida creí que esas eran formas aceptables de referirse a otras personas. Esto se lo debo a mis abuelos, que creían que todo lo que no fuera católico, apostólico y romano, heterosexual y con pelo corto y sin aritos ni tatuajes, era indigno de ser siquiera inscripto en el Registro Nacional de las Personas.
Hay un punto en el que quisiera profundizar, y que es una crítica que escuché no solamente de los mexicanos, sino también de otros latinoamericanos: la arrogancia argentina. No soy el primer argentino que comenta sobre esto, y las opiniones se dividen: tienen razón, están equivocados. En mi experiencia, están equivocados. Hay varias formas de mirar estos comentarios y a quiénes los dicen, por qué, en qué se basan, qué conocen o contra qué comparan para llegar a sus conclusiones.
Los mejores comentarios que escuché de los argentinos fueron de personas de infinidad de nacionalidades que estuvieron en Argentina, y no solamente en el circuito Ezeiza, La Boca, Calafate, Mendoza, Iguazú, Ezeiza. Por otro lado, los peores comentarios que escuché vinieron invariablemente de quienes nunca pisaron Argentina, sino que en sus lugares de origen o de viaje, conocieron uno o dos individuos (o cinco, no interesa) y en eso se basan para formarse una opinión. Y a veces ni siquiera eso, sino que el folclore popular alcanzó. Esos conforman la mayoría abrumadora. Ejemplo personal: en mi vida pisé Venezuela y solamente conocí dos venezolanos por ahí. Los dos resultaron ser bastante basura. ¿Tiene sentido extrapolar esas experiencias como análisis válido hacia el resto de los venezolanos? O sea: ¿eran representativos? No lo sé, por eso no hablo, pero el sentido común me dice que tuve mala suerte.
El por qué encaja perfecto en el análisis que se hace de la mayoría de los pre-conceptos: siempre se asume que primero se presenta el oponente/adversario/enemigo y entonces surge el odio, pero es exactamente al revés. Un individuo tiene debilidades, carencias o incluso defectos que lo avergüenzan y le provocan rencores, fenómeno del que está o no consciente, y alguien las estimula. Ese alguien focaliza el odio hacia su persona y lo que representa. En psicología se le llama proyección, que según los diccionarios especializados es un mecanismo de defensa que opera en situaciones de conflicto emocional o amenaza de origen interno o externo, atribuyendo a otras personas u objetos los sentimientos, impulsos o pensamientos propios que resultan inaceptables para el sujeto. Se proyectan los sentimientos, pensamientos o deseos que no terminan de aceptarse como propios porque generan angustia o ansiedad, dirigiéndolos hacia algo o alguien y atribuyéndolos totalmente a este objeto externo. O sea, en criollo: se nivela pa'bajo. Ejemplo: los hombres que tienen fantasías homosexuales reprimidas son los más homofóbicos y los que más se preocupan por señalizar su hombría.. Por supuesto que no es el único motivo (ya mencioné a mi abuelo, que no creo que fuera homosexual sino extremadamente cerrado y prejuicioso).
Hasta acá todo bien. Después de salir de Argentina y haber escuchado estas críticas y haberme recuperado de la sorpresa inicial y la tristeza asociada, empecé a mirar a los argentinos como "desde afuera" y empecé a sospechar que no estaban del todo equivocados.
Pero hay algo que faltaba y que vine a descubrir hace muy poco: un punto de comparación. Como dije, estuve en México por unos días y aunque no me alcanzó ni a patadas para formarme una opinión, sí alcanza para hablar lo que se me dé la gana, así que acá voy: los mexicanos me cayeron bien. Lo gracioso de todo fue que más de uno, quizás buscando impresionar al visitante, se pasó de arrogante. También los hubo brutos. O pesados. Pero por encima de todo, los hubo amables. El mexicano de la calle, ese conjunto de gente con el que uno no entra más que en contacto superficial (el conductor del bus, el que nos vende la entrada al museo, el que nos da charla en la recepción del hotel) tiene algo invaluable: el don de gente. Me hicieron sentir bien. La verdad que se las hice fácil viniendo de Alemania, pero igual. El amigo que me invitó y por el cual fui a México en primer lugar es un ejemplo de modales y ya me gustaría ser como él.
¿Qué diferencia noté al dejar México y 10 horas más tarde aterrizar en Argentina?: sacando el acento y las obviedades... que los argentinos son más blanquitos. Hay más descendientes de italianos, sobre todo, mientras que la mayor parte de la población mexicana es natural de América. Sé que esto se aplica solamente al centro y sur de Argentina, porque en el norte creo que hasta sería al revés: unos mariachis parecerían ABBA comparados con los que tocan chacareras en Salta, pero tengo que admitir que tampoco estuve en Salta =P
En Argentina también hay idiotas, y brutos, y personajes de todas las calañas. Pero incluso con el ruido de fondo de una ciudad como Buenos Aires (el estrés, el apuro, la agresividad), se tiene y se cultiva el don de gente.
Siempre escucho que hay de todo en todos lados, pero yo agrego: es una cuestión de proporciones. En Argentina hay chinos, pero no es China. También hay agrandados, pero en comparación son tan pocos que están muy lejos de representar al argentino común. Recorrer los pueblos del interior de Argentina es un desafío al corazón, donde uno tiene que tener tripas muy duras para no enamorarse de cada lugar y de su gente.
En mi experiencia, hacen falta entre 6 meses y 2 años viviendo en un país para ganarse el derecho a dar una opinión y generalizar, en el sentido estadístico de dar una tendencia, no el estocástico de incluir a todos sin excepción, lo cual es estúpido y arrogante. Yo pasé ese tiempo en un par de países, y la verdad que en lo que se refiere a arrogancia, Argentina es un bebito de pecho que todavía le falta mucho para aprender. Los mal llamados países desarrollados tienen mucha más idea de eso.
Y eso es lo que me parece que les está faltando a los mexicanos: entender que los argentinos no somos nada especial (bueno, sí somos especiales, pero los demás también, lo cual nos convierte en normales, aunque no comunes... clarito, ¿no?). Tenemos nuestros pedos en la cabeza, pero eso no nos hace tan execrables como algunos creen, ni tan valiosos como a más de un compatriota le gustaría. Los hay mucho, mucho peores, y aunque eso no es una excusa para defender nuestros defectos, sí que pone en perspectiva el hecho de que somos bastante rescatables. O por lo menos, así lo veo yo.

2 comentarios:

Irantzu dijo...

Yo crecí viendo Gran Pá! y quizás por eso siempre me cayeron los argentinos, porque los encontraba reeecancherooos, viste?
Pero existía la rivalidad entre chilenos y argentinos, especialmente cada verano cuando los ché llenaban las playas chilenas y tenían romances de veranos con la locales... las mujeres se derretían (y derriten, asumo) por los argentinos, así que la rivalidad era más bien entre hombres, yo creo.
Lo de la fama de arrogantes claro que la conozco, son winner, nah' q' hacerle, pero a través de amigas argentinas que me hice en Alemania (una de ellas, entrañableeee, cómo extraño a esa mujer) conocí el sentido de humor argentino, imparable, retorcido, negro, ácido, e incomparablemente divertido.
En conclusión: quizás sea porque no soy por esencia prejuiciosa, y en mi casa tampoco son dados a criticar mucho sin conocer (ni conociendo) pero a mí los argentinos me caen bien... Ignorantes, pesotes, desubicados, mala clase y mala gente hay en todas partes, acá, allá y más allá también... pero como país en general, la llevan. :)

Martín dijo...

srta., gracias por el comentario. Siempre agradezco los contructivos, aunque sean críticas.
"Como país en general, la llevan" --> ¡buenísimo! (No sé si llorar o reírme...)