domingo, 25 de junio de 2017

un abrazo

Cuando la conocí pensé que sería arrogante; después de todo, es actriz y de una belleza extraordinaria. Llegué a su departamento (que anunció para alquilar) y entonces empezó a explicarme algo de los roperos, y de cómo iba a tener tanto lugar para guardar lo que quisiera. Y me mostró el resto, y nos sentamos a tomar un té. Se sentó cerca, demasiado para mi timidez. Será cultural, pero era demasiado cerca. Y nos sonreímos y nos entendimos. Nos conectamos.
Con los encuentros esa distancia se achicó más, aunque estuviéramos cada uno en otro país. Simplemente no teníamos suficiente el uno del otro. Así que por algún motivo que no puedo explicar (todo es tan confuso ahora cuando miro atrás) simplemente nos abrazamos. Y el mundanal ruido se apagó. Y las preocupaciones. Y las dudas. Y las preguntas. Hasta las respuestas se apagaron. Todo fue paz, y se hizo adicción. ¿Quién puede resistirse al abrazo de un ángel? Algunos, as it turns out, pero yo no.
No sé si tengo la fuerza para atravesar las piedras en el camino. No sé si deba. No sé si sería una locura intentarlo, pero sé que no puedo dejarla así como está sin dejar mi impronta en su vida, sin mostrarle que habemos también algunos de los buenos y que el pasado no necesariamente nos permite determinar el futuro o siquiera estimarlo. El poder del cambio está en nosotros.
Siempre pensé que somos lo que hacemos, y es cierto en gran medida, pero lo que hacemos depende de las circunstancias y de las posibilidades que se nos ofrecen, que en algunos casos se reducen a mal o peor. Hace poco leí algo así como "no juzgues mis decisiones si no conociste cuáles eran mis opciones". Me cambió la vida.
Y la vida me tiene que cambiar, porque cuando era chico crecí con una abuela ponzoñosa que me inculcó intolerancia, prejuicios y sobre todo miedos que hoy (y desde hace muchos años) me están arruinando la vida, torturándome con planteos estúpidos e inútiles, viendo peligros donde no los hay, inventando historias, y encima de todo menospreciándome a mí mismo, dudando de mi valor en la vida de otra persona y limitándome. Tengo un dolor penetrante en el pecho, se siente como una mano que me oprime el corazón y los pulmones, y no me deja sentirme ni libre ni feliz, y todo por miedo.
Mi visión romántica de las cosas está muy bien y me encanta, la cultivo y la atesoro. Pero a veces se me va la mano idealizando y santificando cosas que no son tan sagradas como me inculcaron, sino que dependen de la situación y el valor que uno haya depositado en ellas. De hecho, a veces las personas tienen todas las buenas intenciones y las cosas les salen como la mierda. Otras veces intentamos que salgan bien apostando por ellas, y salen para la mierda. Esto no quita ni valor ni mérito al intento, y tampoco dicen nada malo del que lo intentó. Esto lo tengo que incorporar a mi vida y tirar a la mierda donde pertenecen todas esas cosas que hacen que condene a alguien por intentar buscar la felicidad allí donde creyó que la encontraría. En la vida real las cosas no son blancas o negras, santas o putas. Como en la medicina, la ignorancia no es la excepción, es la regla, y los grises somos todos. Cualquiera toma buenas decisiones con el diario del lunes, como dice mi mamá. Hay situaciones, la mayoría, de hecho, en donde uno no sabe ni dónde está parado y quiere un resultado y hace lo que le parece que lo va a llevar en esa dirección. Inevitablemente uno erra, en cuyo caso lo mejor que se puede hacer es aprender para la próxima. Más de eso no hay, y me hubiera gustado mucho, pero mucho, haberlo aprendido antes. Me gustaría en este momento tenerlo tan impreso indeleblemente en mi cabeza que cuando juzgo a los demás no me de miedo compartir sus vidas.
Supongo que yo también hago lo que puedo.
Sí, ya sé, empecé hablando de un abrazo, algo así como la continuación de lo que escribí sobre un beso, pero tantas cosas pasaron, mucho más importantes... Viejos monstruos al acecho despertaron y me están torturando, y no quiero morir sin haberme deshecho de ellos. Me lo debo.
Pero por si no quedó claro, cuando ella me abraza se apaga el mundo y se enciende la luz en mi interior.

jueves, 25 de mayo de 2017

un beso

Saber qué y quién es uno parece ser una de esas cosas tan pero tan difíciles, que se torna filosófico discutir por qué no se puede lograr.
Cuando era un adolescente, o a lo mejor incluso antes, llegué a la conclusión de que los demás valen, y que no puedo usarlos arbitrariamente por más que en algunas ocasiones den su consentimiento, más basado en ignorancia mezclada con necesidad de aceptación, cariño o amor, que en una decisión informada. Y acá estoy, muchos años después, rehusándome a puentear el vacío entre una relación y la siguiente con sexo. Y aparentemente, esto me convierte en un marciano.
Conocí una chica muy linda, actriz ella, en una circunstancia algo formal, pero que después de un par de encuentros ella agradeció una ayuda mía invitándome al teatro. Esto derivó en ambos abriéndonos más y más el uno al otro, hasta que después de algunas salidas más le di un beso cuando nos despedíamos. Un beso hermoso, muy suave, chiquito, de algunos segundos, sin lengua, sólo en los labios. Perfecto.
O no.
Como dije, la señorita en cuestión es actriz, y aparentemente lengua o no lengua es justamente lo que en su profesión distingue un beso personal de uno profesional. Y yo con mis sentimientos... Ya lo sé, soy un ridículo.
Desde hace años lucho por salir de las ataduras de una educación rígida e intolerante, a veces con éxito, más veces fallando asquerosamente mientras mis miedos sabotean mi existencia sin piedad. A veces siento que evolucionar duele más que ser despellejado vivo, pero sigo insistiendo. No por cabeza dura o estupidez sino porque me parece que no tengo opción.

domingo, 23 de abril de 2017

politraumatismo II

Por más que la tomografía no muestre nada raro, mi cabeza no está bien, eso no es nada nuevo. Pero en estos días la verdad que mi corazón tampoco. Al margen de mi queja general hacia la vida por no darme una compañera, en los últimos días se confabularon algunas cosas para que el panorama esté particularmente sombrío.
Hace poco comentaba sobre la palabra chongo y sobre quien me la presentó. Ayer intercambié una serie de mensajes en el teléfono con ella en los que intenté transmitirle que no me interesan los €20 que me debe del viaje a Croacia, sino encontrarme con ella para charlar. No good. Parece que esa característica tan propia de las mujeres argentinas de hacerse las difíciles está bien desarrollada en esta chica, y yo me siento demasiado viejo para estas gansadas. Por un lado sé que soy una buena persona, con cerebro, y ella es la que dijo que necesita tener conversaciones profundas y no encuentra con quién. Acá podría intercalar ahora-sé-por-qué pero la verdad es que yo también quiero eso, y si bien lo tengo en un par de amigos, una mujer es otra cosa. Así que yo me jodo. Ella puede ser que también, pero yo me jodo.
En la otra esquina, un amigo recientemente adquirido y que hace las veces de socio en mi nuevo emprendimiento de organizar tours en moto, se empacó. Quiero decir que se ofendió por un reclamo mío de algo que él hizo mal y no quiere admitirlo, así que ahora está haciendo una serie de chiquilinadas que ni siquiera puedo pretender estar sorprendido, porque era previsible. Tiene ese carácter y punto. Así es, y esto estaba destinado a pasar, y yo lo sabía todo el tiempo. Ni siquiera era un tema de probabilidades; como en la moto, que la pregunta no es si te vas a caer, sino cuándo.
Y en la última esquina libre de este cuadrilátero está mi mejor amigo acá en Múnich tratando de sacarse un quiste en forma de una tarambana y desagradecida que tiene por novia, que no sabe, y se resiste a apreciar, el tesoro que tiene en las manos. Así que esta semana cuando necesitaba mucho hablar con él, no lo tuve porque estaba embobado ocupado con ella. Si él hubiera estado feliz con alguien que lo quiere y lo aprecia como se merece, y lo cuida en consecuencia, me la como; pero quedarme sin mi mejor amigo porque la está pasando mal me saca de quicio. Sin mencionar que realmente lo necesitaba. Necesitaba más que nada alguien que, sabiendo casi todo de mí, me ayudara a analizar lo que me estaba pasando y me criticara y me hiciera ver dónde la estaba pifiando o pegando. Dónde plantarme y dónde ceder.
Como ya no hay esquinas libres, por ahí en el medio hay una polaca con la que salí antes de conocer a ex-novia y que me gusta bastante, pero simplemente no me llama. Me siento un idiota con mis mensajes e intentos de contacto y no quiero fastidiarla; pero un idiota solo y con ganas de que alguien me aprecie.
Por ahí también está mi amigote mejicano que vive en Stuttgart y cuya esposa es neurótica, paranoica y emocional, y nos está costando la amistad. Estoy siendo optimista, porque hace meses que no hablamos y me pone muy triste. Quiero mucho a este tipo y aprecio muchísimo sus opiniones y sus logros y sus puntos de vista, y lo extraño. Hace más de un año que tuvo una hija, lo cual lo mantiene más ocupado de lo que ya estaba, y a pesar de que hablamos de este tema y me dijo que lo comprende, la realidad es que no la conozco porque no he logrado convencer a mi culo de moverse e ir a la casa a verla. Es patético de mi parte, lo sé, y asumo mi parte de la culpa; pero el hecho sigue siendo que nos estamos separando, y él es parte de un muy pequeño grupo de personas que enriquecen mi vida sin peros.
Así que acá estoy, en mi esquina del cuadrilátero pensando que mi red social tiene muchos agujeros y no sé qué hacer. Quiero corregir lo que sea que esté haciendo mal pero no puedo identificar mis errores, aunque es cierto que a veces las cosas simplemente se descalabran y lo único que uno puede hacer es joderse, aprender y empezar de nuevo.

viernes, 21 de abril de 2017

politraumatismo


En los casi 14 años que llevo en Alemania nunca vi un vehículo motorizado pasar un semáforo en rojo. No me refiero a pegar la aceleradita cuando cambia de verde a amarillo, ni a bicicletas o peatones cruzando en babia mientras miran su balance de me gusta/no me gusta en feisbuc. Me refiero a ignorar olímpicamente un semáforo en un vehículo autopropulsado.
El 13 de mayo salgo de la cochera con la moto y hago los 300 metros hasta la calle principal. Ahí termina mi calle y se topa con una bastante transitada y con dos carriles en cada dirección, así que hay un semáforo. Estaba en rojo, así que esperé, primero en la línea. Cuando se puso en verde, arranqué despacito porque doblaba a la izquierda. Pero algo no estaba bien: en el rabillo del ojo vi un colectivo que no frenó y se me vino encima. En cosa de medio segundo tuve que decidir si seguía o frenaba. Si fui yo el que, por distracción o lo que sea, arrancó con el semáforo en rojo, el que viniera por la izquierda del colectivo no me hubiera visto, y por la derecha venían dos carriles más. Si el colectivo se mandó la cagada, ya estaba frenando. Así que me detuve y esperé, rogando que el impacto fuera lo más suave posible.
Me dio de lleno del lado izquierdo. Después de volar unos 5 metros a mi derecha junto con mi moto de 300 kg, aterrizamos sobre el lado derecho. Por haber ya estado en una caída hace algunos años levanté las piernas para que no quedaran abajo de la moto, y funcionó.
Resultado: moto destruida. La valija y el espejo izquierdos pulverizados, pero me salvaron la pierna de ese lado. El lado derecho estaba un poco "mejor", pero destruido. El frente del colectivo destruido, con el frontal roto y el parabrisas con una impresión de mi hombro y cabeza/casco. ¿Yo? Relativamente nada. No tengo un hueso roto pero muchos dolores, básicamente el hombro izquierdo, el pie y tobillo derechos, y algo menos en ambas cabezas de fémur, mano izquierda, rodillas, hombro derecho. Las radiografías no muestran nada roto y la tomografía dice que mi cerebro está en orden, palabras de la operadora de la máquina, no mías...
La policía determinó que hacía como mínimo 6 segundos que el semáforo estaba en rojo y no saben qué mierda le pasó al conductor para ignorarlo así. Tres pasajeros testificaron que estaba en rojo para el colectivo, y dos conductores que esperaban conmigo en el semáforo testificaron que estaba en verde para mí. Ese tipo no va a manejar nunca más en su vida profesionalmente en Alemania, y además de lo normal de pasarse un semáforo en rojo tiene un sumario por lesiones culposas.
Además de los cuidados médicos que he estado recibiendo, por consejo de mi médico de cabecera consulté con un terapeuta para ver cómo va el tema del trastorno de estrés postraumático. En principio, de los 3 criterios que deben cumplirse, muestro dos. Pero el tipo me aclaró que esto puede demorarse unos cuantos meses en aparecer. Gracias.
Martes último a la noche me acosté a dormir. En algún momento empecé a soñar con el puto colectivo que se me venía encima, y así nomás me tiré de la cama y salí corriendo, arrastrando la frazada, tropezándome con un sillón que tengo en la habitación, y reventándome la mano de una forma que no puedo aclarar porque estaba completamente obscuro y yo dormido, así que ni idea. Lo que sí sé es que mi pantorrilla izquierda tiene una abrasión de 20 cm y un moretón muy doloroso, y mi mano derecha no sirve para nada. No parece que me haya quebrado algo, pero no puedo abrirla ni cerrarla, no mucho menos hacer fuerza. Ayer después de dos días pude escribir algo, siempre y cuando la lapicera cooperara, nada de apoyar fuerte. Sin embargo, después de tres días ya puedo tocar pulgar con meñique, pero con un dolor que te corta la respiración.
Como mi médico está de vacaciones, recién el lunes puedo ir a verlo y que me la revise.
La puta que lo parió al mogólico que manejaba ese colectivo.

miércoles, 19 de abril de 2017

chongo

No hay límites para aprender. La diferencia es que cuando uno está en el vértice de la parábola tiende a ver la diferencia entre algo que ya conoce y que simplemente tiene nombre nuevo, de lo que no conoce.
Chongo: aquella persona con la que se entabla una pseudo relación donde sólo hay atracción y otros factores, pero carencia de compromiso o de las responsabilidades de un noviazgo. Tal como sucede con el one-night-stand, el touch and go o el engaña pichanga, pero algo menos efímero. A un chongo no se le presenta ni a los hijos ni a los padres, ni a familiar alguno. Tampoco interesa saber nada de su familia. Se ven si ambos están disponibles; si no, todo bien. Los gastos son a medias. También permanece intacta la libertad de encontrar a otra persona y terminar la relación como chongos, o incluso continuarla simultáneamente.
El fin de semana estuve en Croacia con un grupo de 8 argentos y un alemán que conocí hace poco y me integraron a sus planes. La pasé bárbaro, sobre todo por el tema del idioma. Además fui en la moto (ellos fueron en dos autos) y este fue el primer viaje de la temporada, y estrené escape nuevo.
En el grupo había una fémina que me había movido el piso en su momento, más por carencias mías que por méritos de ella, pero como sea, me lo movió. Como hacen las hienas pero con diferentes técnicas, separé a la presa de la manada y le dediqué un poco de atención para que se abriera. Lamentablemente, lo que vino no era lo que esperaba, aunque sí lo que temía: una diatriba académica de sus "chongos" y los beneficios del tema, a lo cual yo escuché respetuosa y ceremoniosamente, dí las buenas noches y me fui a dormir. No me molesté siquiera en aclarar que mi desconocimiento de la palabra no implicaba desconocimiento del concepto, ni su conocimiento de la palabra implicaba conocimiento del concepto. O sea, para mí era el mismo perro con diferente collar, mientras que ella no tienen idea de lo que está haciendo con su culo; ni mucho menos lo que otros están haciendo con dicho culo.
Después del impacto inicial y "gracias" a mis experiencias previas, sumado a una buena dosis de terapia, decidí jugar con la presa. Como había otras féminas, las usé para distraer mi atención y sacarle la sensación de que ella era el centro de mi atención. No fue para generar celos, sino para evitar exceso de confianza, a la que tiene cierta tendencia. Y no solamente logré que no sepa que la estaba manipulando asquerosamente, sino que logré que crea que ella me estaba manipulando a mí. Hacía rato que no tenía oportunidad de hacer este tipo de tejes y manejes y la verdad que lo disfruté muchísimo, y me importa un bledo ser tildado de infantil.
No tengo idea de cómo va a seguir la historieta, pero conservar el high ground siempre es un buen resultado. Sin embargo...
¿Tengo razón? Digo, a lo mejor es más sano, más constructivo, y sin dudas más pragmático atender las necesidades físicas y emocionales entre dos personas adultas que consienten lo mismo, mientras uno y otro sigue a la búsqueda de la felicidad. Se cubren de la soledad, por lo menos en un plano superficial, mientras en lo profundo y en forma consciente siguen aspirando a algo más trascendente.
En lo personal, no me sale. Puedo, por calentura, soledad u otros factores, confundirme y hasta engañarme y terminar en la cama con alguien que no es la indicada para mí, pero tan pronto como me doy cuenta ya no puedo seguir. Incluso con el consentimiento de ella, simplemente no puedo usar a alguien para eso, ni dejarla usarme. No puedo y punto. Me sobran los dedos de una mano para contar las personas a las que permito tocarme, abrazarme o acariciarme, y me gusta eso de mí. Cuando toco a alguien lo hago con afecto, y por definición eso es algo cuyo uso se restringe. Es un recurso limitado, por más amor que sintamos por la humanidad y todos los Gandhi, mariposas y premios Nobel de la paz que llevemos en el alma. La esfera íntima es delicada, y soy de la teoría que dar demasiado acceso a ese rincón de nuestra existencia la daña, erosionándola, generando callos y, nos guste o no admitirlo, restándole valor al hacerla tan fácilmente accesible.
Pero puedo estar equivocado, no sería la primera vez, y a lo mejor es simplemente un pedo mío y de nadie más. Pero la espina la tengo, y el miedo a ser usado también. El simple hecho de que me lo haya contado tan abiertamente implica cero arrepentimiento, y el arrepentimiento viene de reconocer un error. Y sin eso, no hay cambio posible, con lo cual a mí no me sirve.
Qué lástima, porque está buenísima.

viernes, 24 de febrero de 2017

11 segundos luz

Digamos que esta mañana nació un bebé, y en dos años ya es capaz de caminar a unos 5 km/h. Y sale a dar una vuelta. Y no vuelve. Y va, y va, sin parar, las 24 horas del día, los 365 días del año, hasta que muere de viejo. Lo cual, dicen las estadísticas, para un hombre nacido en Argentina es a los 76 años. En ese tiempo va a haber recorrido 3 240 000 km. De hecho, 3 meses antes de cumplir los 11 años va a haber pasado por la luna. De llegar a Marte ni hablar; tardaría otros 1200 años en el mejor de los casos, cuando Marte alcanza su oposición respecto al Sol.
Esto y muchas otras cosas se turnan en mi cabeza para acceder a la capacidad de cómputo de mi cerebro. No para. Todo el día estoy preguntándome cosas, algunas más relevantes, otras académicas, y buscando respuestas. Es agotador. Fascinante... pero agotador.
La nostalgia es una de las características de las personas propensas a la depresión, y en mí no falta. El comparar mi vida con la de otros, tampoco. Claro, hay otros que tienen cáncer, viven en Sierra Leona o están en guerra, pero oh sorpresa no es en esos en los que pienso. Un fotón tardaría 11 segundos en cubrir esos 3 240 000 km. En esos pienso: en los que encontraron a su otra mitad, que no tuvieron que comerse 2 horas y media en el 54 para ir del trabajo a las clases nocturnas en la facultad. Los que no viven en Alemania. Los que están cerca de su familia. Los que se van a acostar a la noche con un mínimo de sensación de haber hecho algo por el prójimo o por el mundo. Y sobre todo, pero todo todo, pienso en los que se sienten amados.

jueves, 16 de febrero de 2017

la vida en moto

No hace ni tres semanas que escribí acá la última vez. Pensé que hacía más, y ya me estaba sintiendo culpable, como que lo tenía abandonado el asunto.
Pero hubo buenos motivos. Desde que llegué a Múnich estuve enfrascado en ver si podía organizar un recorrido en moto para los clientes de una empresa que se dedicó por una década a esto, hasta que el año pasado el dueño y alma del asunto murió. Él era el que convocaba, el que ideaba y el que realizaba los recorridos, y a pesar de los precios la gente viajaba. Lo conocí hace casi dos años y cuando vio que yo andaba mucho en moto por acá y por muchas áreas donde llevaba a sus clientes, más el hecho de que yo estaba trabajando para la empresa que fabricaba las motos que él conducía, me propuso formar parte del negocio. El año pasado empezamos a elucubrar juntos un modelo que nos permitiera bajar costos y expandir el mercado, pero cuando las cosas iban encaminadas tuvo un infarto y simplemente se fue. Esto, además de dejarme laboralmente sin perspectivas, también me afectó en lo personal, porque era un tipo muy querible y con el que era un placer tratar.
Al contrario que la mujer.
Por esas vueltas de la vida la mujer recibió una empresa vacía, sin activos tangibles prácticamente (la flota había sido vendida para renovación), pero con una base de clientes interesante. Así que en enero la contacté y desde entonces estuve tratando de organizar un viaje, algo que nos permitiera ponernos a prueba como equipo de trabajo. Lo interesante de esto es que lo que uno pensaría que es estresante fue lo interesante, mientras que lo que tendría que ser sobreentendido se transformó en una ridiculez.
Para trazar un recorrido uno tiene que tener en cuenta tantas cosas: el tamaño del grupo, los que lo integran, la geografía, el clima, la disponibilidad, calidad y precio del alojamiento, las atracciones, y un largo etcétera que cuando uno lleva muchos años haciéndolo se transforman en intuitivo y ya ni las tenés presentes en forma consciente. Pero hace falta mucha experiencia, y eso es raro, caro y en general simplemente no está disponible. Hablar un par de idiomas ayuda mucho, y saber tratar con clientes ni hablar. Y contrario a lo que indica el sentido común, esta mujer no solamente no lo vio, ni siquiera cuando se lo deletreé, sino que gastó toda la energía (la suya y la mía) en intentar establecerse como la referente en la materia. También intento venderme que era el alma oculta de la fiesta cuando su pareja hacía el negocio, la que digitaba todo desde atrás de bambalinas.
La confianza implica tomar decisiones sin experiencia. Pocas veces uno conoce con precisión todas las consecuencias e implicaciones, pero uno tiene que tomarlas. Hay una porción de datos que uno tiene y el resto se asumen basado en la experiencia. Cuando uno no conoce a alguien y tiene que confiar en su criterio, corre riesgos. En mi caso y después de apenas 3 semanas me empecé a dar cuenta que no era confianza en sus capacidades lo que me harían trabajar con esta doña: sería estupidez. Llana y sencilla. No es pecado no saber, pero sí hacer como que se sabe. Llegó un punto ne que tuve que empezar a barajar la idea de que ella en su cabeza está honestamente convencida de que puede hacer esto. Pero como no le llegué a tomar bronca, espero que le caiga la ficha antes de que le cueste demasiado caro. Porque al no poder vender esos intangibles de la empresa lo antes posible, está sangrando valor como una degollada. Y no lo asume. Pero lo me encendió la luz roja en mi sistema límbico fue más que nada que la agarré mintiéndome, y no una sino en varias oportunidades, y en cosas en las que básicamente no tenía necesidad, eran fácilmente comprobables o se apoyaban en que el que las dijo (el marido) se lo dijo sólo a ella y en oposición a lo que me expresó el a mí directamente. Y en casi todos los casos eran mentiras que implicaban hablar mal de alguien.
Por mi parte, estoy planeando viajes y yendo en la dirección que me había planteado con él. Clientes potenciales tengo, gente que me conoció haciendo lo que ellos están dispuestos a contratar, y también tengo muchísimas ideas para sacar esto adelante y amigos apoyándome. Y con respaldo económico también cuento, que no es un dato menor. No es que me sobre, pero algo tengo ahorrado.
Así que acá estoy, por fin encaminado después de andar tan perdido. De veras que me perdí, en algún punto del camino me solté la mano a mí mismo y empecé a dar vueltas como un bote sin timón. Ahora lo que necesito es encontrar pareja. Me encantaría encontrar amor romántico, una linda relación con ella, donde quiera que esté.

sábado, 28 de enero de 2017

pedazos de vida

En realidad, en nombre de la originalidad podría intentar evitar usar una palabra que ya usé en el título de la última entrada, o sea la palabra "vida". Pero es que no hay otra para lo que quiero expresar.
Me separé de novia. Hablamos por teléfono hace una semana y me explicó que de donde ella viene la gente es así, fría, y no veía cómo cambiar. Eso me dejó en claro lo que debía hacer. Ahora, que sea fácil, ya es otro tema totalmente diferente.
Y acá estoy. Hace 4 horas que aterricé en este cochinero congelado y mientras deshacía el equipaje me encontraba con las cosas cotidianas que no se me habían cruzado hace una semana y que me unen a ella. Es la primera vez en años que hago la cama solo. Extender una sábana bien chatita en una cama doble rompe las pelotas si vas a hacerlo solo. Hay que ir y venir cuatrocientas veces. De a dos te entretenés y charlás, y en dos segundos terminás. Lamentablemente era más entretenido hacer la cama con ella que deshacerla.
De pronto ver que detrás de la puerta de mi puerta hay solamente una bata y un ganchito, no dos. Y su lado del ropero está vacío, con las perchas colgando inútiles como el estacionamiento de un negocio que ya cerró. La frazada sobre el sofá ya no está, y sus 68 frascos de champú se fueron. Tuve que escribir toda la lista del supermercado solo, y ya no hace falta aprender cómo se escribe pan en luxemburgués. El secador de pelo que compré hace años puede volver a la caja y a su lugar en la baulera. Y el cepillo de dientes eléctrico, ese ícono de las relaciones de pareja, vuelve a su función original de ser el de repuesto o el que me llevo en la valija cuando viajo. Ya no tiene dueña.
Quizás Neruda diría algo elegante como "cuando estaba con ella me faltaba lo que no tenía, pero extraño lo que tenía", y es así. Sufrí de inanición emocional, pero era muy divertido y entretenido estar con Novia. Es una chica muy inteligente y una excelente compañera mientras no hubiera que expresar sentimientos. Una amiga, supongo.


Hace apenas un par de días estaba con un nuevo amigo haciendo filosofía de balcón, mirando un atardecer sobre Buenos Aires que te sacaba el hipo, y teorizábamos que no parece existir una mujer con la que se pueda tener tanto buenas charlas como buen sexo. Para lo segundo hace falta piel y para lo primero cerebro, y aunque así escrito no haya contradicción, en la práctica parece que sí. No sé si es una relación de causa y efecto subyacente o pura correlación, pero, como sea, está y nos caga la vida y nos frustra. Perder la capacidad de decepcionarse es triste, hace que uno baje los brazos, sus expectativas y su ética, volviéndose cínico. Eso de conformarse con sexo a falta de seso a mí en lo personal no me va, ni siquiera lo de entretenerme hasta que venga algo mejor, o lo de probar a ver qué pasa. No, gracias.

viernes, 23 de diciembre de 2016

el viaje de mi vida

Vivir en Europa es un lujo y un placer, primero por todo lo que funciona, y segundo por todo lo que permite a sus ciudadanos. Uno puede viajar como loco entre lugares interesantísimos, cruzar 7 países en 6 horas y monedas (por ejemplo así), aprender idiomas, probar comidas fenomenales, ver paisajes que te sacan el hipo, y así todo el día.
Pero un servidor, a pesar de tener casi toda Europa recorrida (me quedan Ucrania, Islandia, Chipre, Rumania, Bielorrusia y Moldavia), el triste hecho es que poco y nada sabe de su propio país, Argentina. Esto debe ser corregido y estoy en eso.
Para empezar, la Patagonia. Así que por un modesto costo diario equivalente a mis dos riñones y la córnea del ojo izquierdo me alquilé un lujoso Renault Clio y me lancé a la siguiente ruta (como Google Maps no acepta tantos destinos, lo tuve que dividir en 3):

Primera parte del periplo, los primeros 6 días:


Segunda parte, los siguientes 3 días:


Y la tercera y última parte, otros 4 días:


Para empezar, quería visitar tantos parques nacionales como fuera posible, y con un poco de tiempo y mucho ripio logré visitar cuatro:
  • el Parque Nacional Los Alerces, el único que por algún motivo me cobraron algo (90 ARS, algo así como 5,50 EUR) para entrar. Estoy de acuerdo con que cobren algún tipo de entrada, cánon, o como se llame. Son lugares que, si bien pagamos con nuestros impuestos, hay que mantener y supervisar, y están en áreas más que remotas. Tiene una superficie de unas 265000 hectáreas (algo más grande que Luxemburgo) y es una belleza de proporciones increíbles. Este parque ya lo visité en 1995 o algo así en un viaje por trabajo, cuando me mandaron a ayudar con un inventario del supermercado La Anónima en la ciudad de Esquel.
  • el Parque Nacional Perito Moreno, que no hay que confundir con el Glaciar Perito Moreno (mucho más al sur), o el pueblo (a unos 20 km del Lago Buenos Aires/Gral. Carrera). Este parque queda justo a la misma latitud que la ciudad de Puerto Deseado pero pegado a la cordillera. Es el menos visitado de todos los que hay en Argentina, con apenas 1000 visitantes por año. De hecho, ese día hubo, además de los guardaparques e investigadores, otros dos autos de visitantes además del mío. Lo que sí había era un viento de esos que le dan fama a la Patagonia: que si se te vuela una bufanda, en tres minutos la ven pasar por Comodoro Rivadavia.
  • el Parque Nacional Monte León, al sureste de la provincia de Santa Cruz, donde hay principalmente lobos marinos de un pelo y pingüinos de Magallanes. Este fue el punto más al sur de todo mi recorrido, prácticamente enfrente de las Malvinas (aunque eso sería Río Gallegos).
  • el Parque Nacional Bosques Petrificados de Jaramillo, que a pesar de que queda en el medio de la reverenda nada (y nada es lo que abunda ahí abajo), es bastante famoso y, después de haberlo visitado, es obvio por qué.
Para no hacer esto tedioso paro acá y la próxima describo los cuatro parques con algún pormenor y fotitos. Pero lo que sí quiero comentar antes de cortarla por hoy es que hay algo que uno tiene que aceptar en viajes de este tipo, y es que no se puede visitar todo. Una vez estuve en Malta y, si bien es un país de apenas 316 km², uno se puede pasar varias semanas ahí si quiere visitar absolutamente todo. Con esto en mente, acepté saltearme cosas que pueden parecer esenciales como El Chaltén, El Calafate, el Glaciar Perito Moreno y cosas así. ¿Lo lamento? Terriblemente, sin dudas, pero si mi vida no se va al tacho creo que alguna vez podré tildar ese casillero, cámara en mano, ojos y mente abiertos, corazón sobrecargado de emoción.
En estos 12 días le metí 6208 km al pobre Clio, de los cuales 1500 km fueron de un ripio bastante agresivo. Unos 456 litros de nafta súper circularon por ese motor, que gracias a la exención de impuestos por debajo del paralelo 42 significaron "solamente" unos €400. A €75 por día de alquiler, el auto fue el costo más grande, de lejos. En hoteles gasté €550 y en comida y demás (todos los días una linda cena) solamente €240. Saldo: una bicoca para lo bien que lo pasé y lo bien que le hizo a mi alma. Y como no puedo evitar ser yo, acá una fotito simbólica...

martes, 20 de diciembre de 2016

¿por qué?... la yapa

Mi memoria me decía que no era todo, pero no le hice caso. Acá tá...

Saliendo de Caleta Olivia por la ruta nacional 3, que va pegada a la costa, se ve un paisaje increíble. Yo pensaba que solamente se encontraba agua de ese color en lugares como la costa de Croacia, o de Sicilia, o en los folletos de las agencias de viajes. Las pelotas. En la costa argentina, bien al sur, allá donde la civilización apenas asoma y el océano atlántico tiene piedra libre, también. Si no, mirá:


Es lindo, ¿no?... No. Era. Cuando uno mira en detalle, entrecierra los ojos hasta que forman una rendija (manera chota de mirar el mundo si las hay, pero necesaria a veces), ve cosas como esta:


O sea, gente arruinándola para el resto. Gente siendo gente. Estúpidos, que quiero pensar que son contados, de esos que se creen que la basura desaparece del mundo una vez que desaparece de su campo visual. Los mismos idiotas que, con su cerebrito bonsai, llegan hasta el siguiente razonamiento: si tiro la latita por la ventana del tren, no ensucio el tren. Y me ahorro tener que pararme y caminar hasta el final del vagón, donde está el tacho de basura. La misma mentalidad de unas viejas estúpidas, de esas que caminan agarradas del brazo, que me vieron una vez caerme en la moto (por suerte iba a paso de hombre y lo único lastimado fue mi orgullo) y me dijeron que las motos son muy peligrosas y que la vendiera. ¿A quién? me preguntó mi cerebro. Para el que compra la moto, ¿no es peligrosa? Esa mentalidad acotada, con un poder de mantener una línea de razonamiento que se acaba cuando llega la siguiente respiración, es un cáncer que hay que erradicar. No es aceptable. No me interesa si los que (no) piensan así se extinguen o aprenden a pensar, la cosa que se termine esta complacencia con uno mismo y con los demás. Nunca levanté ni levantaría un dedo contra otra persona, pero a esos les deseo la extinción. Deshonran la vida, los dones de la naturaleza, el privilegio de estar vivos, e insultan a los que se rompen el traste y sacrifican su vida para que otros, contemporáneos o futuros, tengan un mundo mejor. Lamentablemente Darwin es muy lento en algunos contextos.
Y la corto antes de que alguien me tire una zapatilla, pero no sin el postre: