viernes, 14 de febrero de 2025

algunas cositas

Ser invulnerable, y saber empuñar ese poder. Ese es mi deseo.

Pero no tiene nada que ver con lo de hoy. No. Lo de hoy es una reincidencia mía: la falta de amor. La soledad. La falta de objetivos, y de sentido. El hecho de que escriba esto hoy en particular, 14 de febrero, es una absoluta coincidencia. Para el que no me crea, que mire alguno de los 495 escritos pasados. Probablemente más de la mitad hagan referencia a este tema o lo abordan directamente.
Estoy durmiendo espantosamente desde hace unos meses. Estoy bien de salud, de dinero, de techo, diría que de todo lo que está en el primer escalón de la pirámide de Maslow y gran parte del segundo. De ahí para arriba, nada, zip, niente. Demasiado niente. Y, por supuesto, no sé manejarlo. Me encanta escuchar esos imbéciles diciendo que uno tiene que estar bien con sí mismo y no necesitar a alguien. Genial. Pulgar para arriba. No, no... dos pulgares para arriba. En teoría. Porque sí, en general estoy de acuerdo; en realidad estoy de acuerdo en que uno tiene que estar bien con sí mismo, pero de ahí a que funcionemos bien unitariamente... nop. Lo que sostengo, basado en mi experiencia y observando a los demás, es que una pareja hace lo malo la mitad y lo bueno el doble. Lo dije mil veces y lo repetiré 10.000 más. Lo vale.
Pero acá estoy, rascándome solo la espalda, sin una respiración que escuchar para dormirme, sin cómplice, sin compañera, sin motivos, sin sentido las canciones, sin encontrar manos mutuas y jardines lentos ("1964", Borges). Por una u otra razón, no encuentro nada de eso.
Y se va cristalizando la idea de que una razón soy yo. Estoy demasiado dañado. No es una cuestión de exigencias, como muchos creen. El problema, los problemas que tengo, incluyen miedo a ser usado, al abandono... y ahora que lo pienso, a poco más. ¿Querés dormir del lado derecho de la cama? Tuyo. Ah, ¿los días impares del lado derecho y los días pares del izquierdo? Nou problem. ¿Cine con tus amigas? Que te diviertas. ¿El asiento de la ventanilla en el avión? Tuyo. ¿Cortarle el pasto al jardín de la casa de tus padres? Mostrame dónde está el enchufe. Te cocino, te cuido y te mimo. Te espero en la parada del colectivo, te llevo a Amalfi, te busco el aro que te olvidaste en el hotel. Charlemos. Envejezcamos juntos. De la mano.
Cuando era chico, basado, admito, exclusivamente en lo que me contaba mi hermana de sus compañeras de colegio (porque los dos íbamos a colegios de hombres y de mujeres exclusivamente), la mayoría de las mujeres tenían cierto pudor y las promiscuas eran una muy identificable minoría. Era obvio quién era quién. Hoy, o me engañó mi hermana, o las cosas cambiaron. Mucho. Basta con abrir cualquier "red social". Y una cosa yo todavía no había aprendido: la amplia mayoría son repelotudas. Pero pelotudas con esmero, de esas que en un campeonato de pelotudez, no les aceptan inscribirse. Por pelotudas. Da bronca (por si no se nota). Acabo de ver una chica ("chica"... unos 35 años) con su hijo y lo que me pareció su exesposo, desayunando y teniendo una serie de actitudes tan nobles y moderadas, que no hizo más que agregar contraste a la situación de lo pelotudas que son las argentinas. Si no lo fueran, esta chica no hubiera destacado como lo hizo. Y de ese repertorio de pelotudas que ofrece Mar del Plata, Argentina, se supone que tengo que encontrar una que no lo sea. Y no sé cómo. Y estoy a punto de rendirme, con dos posibles corolarios: o me quedo solo, o me voy a otro lado a buscar lo que necesito. Ninguna de las dos opciones me parece aceptable, más bien bastante deprimentes, sobre todo la primera. Fuck.
Pasa el tiempo y mis reservas respecto a las mujeres que encuentro en el camino se cementan cada vez más. También estoy empezando a separar la paja del trigo cuando pienso que no voy a encontrar a la adecuada por mi culpa. O sea, deja de ser un fustigarme sin piedad para pasar a ser algo más constructivo, de lo que puedo, si no cambiarlo, aunque sea sacar conclusiones útiles. En realidad el objetivo sí es eventualmente cambiar lo que pueda, pero también quedarme con lo que no quiero cambiar, porque me doy cuenta de que es mi esencia y no es bueno ir contra la naturaleza de uno. Algo que aprendí es a articular mis emociones, explicar cómo me siento y por qué. Algo que aprendí a dejar como está, y de hecho a cultivarlo, es el ser cuidadoso con mi paz, mi intimidad, mi círculo personal, ese metro cuadrado donde estoy emocionalmente parado, y al que no le guste... Ya está, ahí terminó la oración. No es asunto mío, y lo aplico recíprocamente. Me da mucha paz que cuando alguien rechaza mi compañía, aceptar que está en todo su derecho. Es parte del respeto, y es no hacerse la cabeza con cosas que uno ni conoce las razones, ni puede controlar.
Todo esto, lamentablemente, es para una fase más avanzada en una relación, digamos la que viene después de decir "hola". La macana, como vengo recalcando, es que no me cruzo siquiera con mujeres. Mi trabajo no lo fomenta, ni ninguna otra parte de mi vida, salvo cuando llevo a Perro a la plaza, pero esa es una dosis homeopática de mujeres comparada con... no sé, ir a clases de zumba (que no voy a hacer) o alguna cosas así. Fuck. (sí, otra vez)

martes, 11 de febrero de 2025

ir a desayunar

Inexplicablemente, paso por períodos en que adoro la intimidad de desayunar en casa y la ceremonia de la preparación, y otros en que quiero salir cada mañana a algún café. Hacerlo en casa es una derrota, u otro clavo en el ataúd de mi vida social. Y según veo, soy bastante rompepelotas con lo que quiero o lo que no tolero cuando me siento en un lugar en el que pago por lo que me sirven y por estar.
Por sobre todo valoro la tranquilidad del lugar. Aborrezco a los imbéciles desubicados con sus putos celulares metiendo mensajes, musiquita, campanazos, radio o videos. En realidad, cualquier cosa que salga de esos aparatitos, o que le metan, incluso, porque idiotas así casualmente se ponen a mandar mensajes o a hablar y entran en un trance donde no existe el prójimo y se dan manija solos, elevando la voz a niveles de cancha en lugar de... café. Fangio, en un reportaje hecho en su auto mientras manejaba por Buenos Aires, se rehusaba a contestarle a su entrevistador más que cuando estaba detenido en los semáforos en rojo, porque explicaba que manejar es muy difícil, y conversar distrae. Fangio. Imaginate el resto de nosotros. Cuando cedemos nuestra atención al aparatito, poco queda para lo demás, sobre todo para nuestros prójimos; estemos donde estemos.
Lo otro que valoro es el servicio profesional. Amable viene después, pero primero tiene que ser eficiente y respetuoso. Si le sumamos alguna sonrisa, mejor todavía. Y si la camarera es linda, bingo.
El lugar tiene que ser agradable y estar cuidado. Los únicos que pueden darse el lujo de saltearse esto son los bares de pueblo en lugares como Italia o Francia, con sus dueños detrás de la barra que duermen con el cigarrillo en la boca y que no se acuerdan de la última vez que cambiaron una mesa, si es que alguna vez pasó. Esos lugares que vas 20 años más tarde y está el mismo tipo con el codo en el mismo lugar, la barba un poco más larga. Fuera de eso, espero un lugar con diseño, personalidad, cuidado y limpio. Los inteligentes ponen mesas de 3 patas, los tarados insisten con las de 4 y encima no las ajustan. ¿El precio? Me lo paso por fondo de la raya. Tengo un presupuesto, así que si es caro pero lo vale, voy menos seguido y listo, asunto resuelto.
La mercadería tiene que ser buena. Tiene que ser un poema de Neruda o de Borges, de hecho. El café, las tostadas con su queso crema y sus mermeladas, las tortas, la pastelería, lo que sea... tiene que ser todo una explosión de sabor, un orgasmo gastronómico. Algo que me deje pensando en lo patéticamente inútil que soy en la cocina, y sonriendo por eso, resignado pero feliz por el descubrimiento.
Algo que vengo estudiando últimamente es por qué algunos lugares me atraen más que otros, y la respuesta no se hizo esperar ni se escondió mucho: necesito sentirme valorado. No espero que me tiren la alfombra roja ni me besen los pies, simplemente que me aprecien un poco como cliente que esencialmente, salvo un café más caliente, un poquito más de queso crema, no rompe las pelotas, ni su perro. Nos sentamos en un rincón, yo leo un libro, Perro le da vueltas al tema del yuan-dólar o a si la moral es relativa o absoluta o a los últimos descubrimientos del JWT. No me suena el teléfono, no trato de llamar la atención, pago y dejo buena propina, y listo. Me pasó recientemente que en un lugar al que suelo ir tipo 8, 8 y media, fui temprano, apenas abrieron (a las 7) y pusieron música de rock pesado y a mucho volumen. Les pedí que lo bajaran y no les interesó, así que me levanté y me fui. El lugar estaba vacío y suele estar vacío a esa hora, creo que precisamente por eso, porque hace años, cuando tenía otro dueño y funcionaba de otra manera, la gente iba más temprano. Ahora, por dueño tiene un flaco de 30 y pico de años que mientras el lugar no se incendie, mucho más no le importa. Ejemplo: hay una mesa que le falta el taco de goma a una de las patas desde hace un año y medio; un puto taco de goma. La mesa parece la rampa de despegue del Kuznetsov. No matter.
Así que si la cosa sigue así con las reservas en mis cabañas (la semana que viene están libres, después empieza de nuevo a venir la gente), quizás aproveche y me pegue una vuelta por BsAs. Necesito viajar e ir a desayunar a lugares desconocidos, donde los defectos no le llamen tanto la atención a mi cerebro desesperado por paz, donde pago y pasa lo que espero que pase por el hecho de que tomen mi dinero. Una cosa rarísima en Argentina, parece.

lunes, 10 de febrero de 2025

palomas

Esto lo escuché alguna vez sobre los peronistas, aunque después supe que fue dicho en algún momento sobre los idiotas en general y luego cada quien lo aplica al interlocutor a su gusto: "Debatir con un idiota es como jugar al ajedrez con una paloma: va a tirar las piezas, cagar en el tablero y después irse con sus amigos a celebrar victoria."

Y esto lo leí por ahí y coincido plenamente. Lo escribió un filósofo y pastor alemán disidente que murió en un campo de concentración alemán en 1945. Supongo que lo escribió en alemán (aunque hablaba muy bien el inglés), pero el texto que encontré estaba en inglés. Así que mandé una traducción automática que quedó bastante buena, pero la adapté para que exprese un poco de mi sentimiento al respecto de este tema:

"Es una comparación ingeniosa, pero, según el teólogo Dietrich Bonhoeffer, también es muy preocupante. Para Bonhoeffer, la estupidez es mucho más dañina que la maldad. En la vida existen personas malas: asesinos, deshonestos, etc. Pero no son la mayor amenaza. Porque cuando se identifica algo como malvado, el bien puede unirse para defenderse y luchar contra eso. Cuando sabemos que alguien es malo, sabemos cómo tomar una posición. Como expresó Bonhoeffer: “La maldad siempre lleva en sí misma el germen de su propia ruina.”
La estupidez, sin embargo, es un problema diferente, y no podemos combatirla con tanta facilidad por dos razones. La primera es que, como sociedad, somos mucho más tolerantes con ella. No tomamos la estupidez con demasiada seriedad ni atacamos a alguien por no saber algo. La segunda razón es que la persona estúpida es escurridiza. Como una paloma jugando al ajedrez, no está abierta ni al razonamiento ni al debate.
Por eso, para Bonhoeffer, la estupidez es mucho más peligrosa, porque a menudo es un arma, el arma, que las personas malas pueden utilizar. A estas personas les resulta difícil tomar el poder por sí mismas, necesitan que las personas estúpidas hagan el trabajo por ellas. Una persona estúpida puede ser guiada, manipulada y dirigida para hacer muchas cosas. La historia nos enseña que ser estúpido no significa que no puedas tener poder.
La maldad es un titiritero, y no ama nada tanto como a un idiota poderoso."

Este análisis no es estrictamente sobre el dicho anterior de la paloma sino sobre el tema de qué es peor, más dañino: la estupidez o la maldad. Mi pensamiento es que la maldad uno la puede contener si la identifica a tiempo, pero sobre todo es moralmente más justificable tomar medidas drásticas contra gente mala, pero la gente estúpida suele verse como más inimputable: le das un garrotazo a un estúpido y te mira con ojos de carnero degollado, y es una mirada sincera. Sencillamente no sabe qué hizo mal. Y sin embargo, el daño que cada uno puede ocasionar, como bien argumentó Bonhoeffer, es como mínimo equiparable en magnitud.

Los espartanos no se andaban con vueltas: si un miembro de la sociedad era débil mental o físicamente, lo descartaban, al punto de dejar un bebé recién nacido toda la noche afuera para ver si sobrevivía. Si bien esto es más mito que realidad, y la selección de los recién nacidos no era exclusiva de Esparta sino más bien relativamente común en el mundo antiguo, el hecho es que era una cuestión de supervivencia, con el beneficio añadido de que presionaba la selección de los más aptos. Sin pretender llegar a esos extremos, hoy en día se ha no solamente interrumpido cualquier proceso de selección, sino que además se ha impuesto el "proteger" a los más débiles. Nos guste o no, se pueda tildar de "ético" o de "moral" o no, esto tiene una y sólo una conclusión: la raza humana va a deteriorarse. Cuando uso el término "débil" no estoy refiriéndome a discapacitados de nacimiento, sino a personas física y mentalmente intactas que, por su crianza, su entorno, y la manipulación de otros, no crecen y se desarrollan como miembros productivos de la sociedad, sino todo lo contrario: se transforman en lastre. La sociedad gasta recursos no en el bienestar común, sino en reparar el constante daño que causan esas personas a las que no se las preparó para hacerse cargo de sí mismas y, al contrario, se les enseño a gritar "¡injusticia!", sirviendo así a un titiritero inescrupuloso.
Cuando la meritocracia se publicita como algo dañino, y los bobos que nunca pisaron una biblioteca aplauden, el andamiaje que lleva al progreso, no solamente tecnológico (carente de valor en sí mismo), sino moral, social y de bienestar de todos, se va desintegrando y eventualmente todos pasamos a peor vida.