sábado, 21 de julio de 2012

8va parte: Róterdam - Múnich

Mi primera interacción con las autoridades neerlandesas fue la señorita policía que me controló el pasaporte, ya que el Reino Unido no es parte del tratado de Schengen. Después de mirar la moto (o lo que se podía ver debajo de la capa de mugre) empezó a hojear mi pasaporte. Le llamó la atención que no fuera europeo, pero lo que la congeló fue cuando vio mi visa de residencia en Alemania. Aunque ya había visto la cubierta donde dice "República Argentina", volvió a mirarla, y a mí, y de nuevo al pasaporte, hasta que ya no se pudo aguantar más y me preguntó:
Policía - a ver si entiendo bien: ¿usted es argentino y se mudó a vivir a Alemania?
Martincito -
Policía con cara de que le acabo de confesar que tengo un tumor cerebral (única plausible explicación para hacer semejante cosa) y me quedan horas de vida: - ¡¿POR QUÉ?!



Después de ese trámite dejé atrás Europort y apunté a Róterdam. Estuve en los Países Bajos muchas veces pero casi siempre me limité a Ámsterdam y solamente un par de veces conocí otras ciudades como La Haya, Nijmegen, Eindhoven o Maastricht, pero nunca Róterdam.
Honestamente, no me perdí nada. Después de 15 minutos de navegar en el laberinto de avenidas, túneles y puentes característicos de las ciudades neerlandesas, me dí por rendido y llamé a Novia para que, desde su papel de operador a lo Matrix, se fijara un poco en internet dónde estaban las cosas que tuvieran algún valor turístico o de curiosidad. Después de un rato me llamó para confirmarme que Róterdam es una ciudad de cero a nulo atractivo turístico y es más bien un apéndice necesario donde alojar a las decenas de miles de personas (casi 90 mil) que trabajan en o relacionadas con el puerto y sus actividades. Un puerto de casi 125 km² con sus propias centrales eléctricas, plantas procesadoras de residuos, purificadoras de agua, etc., etc., etc.
Aceptada la realidad, y como estaba solamente a 300 km de la casa de un amigo donde pensaba pasar la noche, y como él recién sale del trabajo a las 5 de la tarde, tenía casi 5 horas para matar que decidí dividirlas entre la playa de Scheveningen, en La Haya, y un almuerzo tranquilo en el centro de... cómo no, Ámsterdam.

 para refugiarse del buen viento que había, esta vaquita de San Antonio decidió acomodarse entre los dedos de mi pie izquierdo

 papas fritas y vleeskroketten

el restaurante queda en un patio interior compartido con un museo

A eso de las tres de la tarde y pipón como estaba salí para Recke, donde visité a un amigo, charlamos hasta que nos venció el cansancio y me quedé a dormir en su casa. El sábado a la mañana, por última vez, cargué mis cosas en la moto e hice los 675 km hasta Múnich de un saque, parando solamente una vez para llenar el tanque. Me lo tomé tranquilo, disfrutando la Autobahn a unos modestos 140 km/h, con lo que tardé 5 horas y media en el trámite.
Cansado y satisfecho, di por cumplido mi objetivo número uno de este viaje: volver vivo y entero.

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