Creo que alguna vez saltó el tema, pero por las dudas lo menciono: viví en Suecia por casi un año y medio. Eso tuvo muchas consecuencias en mi vida, y hoy quiero concentrarme en lo que creo que fue la más importante y que se refiere a la paz que viví en ese período. En Escandinavia, y en esos países nórdicos en general, el respeto es la base fundamental de todo lo que hacen. Estando en Gotland, esa isla entre el sur de Suecia y Letonia, fuimos a un bar y salimos muy pasada la medianoche. Con nosotros, un grupo de unas 15 nacionalidades, salieron unos cuantos suecos con más alcohol per cápita que una cata de vinos. Y sin embargo, justo antes de cruzar el umbral de la puerta, se chistaron unos a otros y, semi arrastrándose, semi chocándose con las paredes caminando en zig zag, salieron sin hacer ni pío. Realmente se callaron, no es que se chistaron y se rieron y se tropezaron con tachos de basura llenos de latas. No hicieron ruido y punto. Repito: borrachos como cubas. Admirable.
Anoche cuando me fui a dormir, pensaba en eso y en si no será justamente la causa de mi descontento con mi vida en este momento, además de lo de la falta de pareja. El respeto constante, sólido e ininterrumpido del que cada uno disfruta y aprende y ejerce, y todos confiamos los unos en los otros. De hecho, un estudio elaborado por Ipsos en 2022 mostró que el nivel de confianza hacia el prójimo en el mundo arroja un promedio del 30%, pero en Argentina es de apenas el 25%. En Suecia es el 55%. Y para un mí, que me inculcaron el respeto y que experimenté Suecia por el suficiente tiempo como para seguir construyendo e incorporando eso en mi carácter, el contraste es durísimo. O, como diría un sociólogo en lenguaje académico, "una cagada".
Además del trato interpersonal, otro de los aspectos donde se proyecta ese respeto es en el diseño de espacios, privados (ambientes de la casa, iluminación, decoración) o públicos (calles, parques, estaciones de tren). Prácticamente todo es lågom, una palabra, casi un concepto en sueco que significa "equilibrado, ni mucho ni poco". También hace referencia a pacífico, tranquilo, que no molesta. Y así viven. En danés y noruego tienen otra palabra, que si bien no es lo mismo, también apunta a vivir en bienestar: hygge, que se refiere a la calidez y el disfrute de los pequeños momentos.
Lågom es algo que incorporé a mi vida hace ya más de 20 años, justamente cuando viví en Suecia. Hygge, en cambio, aunque venía haciéndolo intuitivamente (y lo puse en práctica cunado hice mis emprendimiento de alojamiento turístico), en realidad no conocía el término y no sabía que había gente con la misma inquietud. Hace unos meses cambié mi hábito de desayunar en la cocina por el de hacerlo en el comedor, donde tengo un tele enorme en el que miro casi exclusivamente documentales educativos. En eso estaba cuando apareció uno sobre este concepto, donde un tal Meik Wiking tiraba la siguiente definición:
Hygge - The art of creating a nice atmosphere. Enjoying simple pleasures in life. A group of friends, in a cabin, indoors, there's a fireplace going, a bit of wine, in Sweden, in winter, there's a storm outside.
En su libro The Little Book of Hygge, describió una situación ligeramente diferente pero que ayuda a redondear la idea: "Hygge is the feeling you get when you are cuddled up on a sofa with a loved one, in warm knitted socks, in front of the fire, when it is dark, cold and stormy outside. It's that feeling when you are sharing good, comfort food with your closest friends, by candle light and exchanging easy conversation. It is those cold, crisp blue sky mornings when the light through your window is just right."
Y agregaba: "I think we just need to recognize that there is no such thing as an accomplishment that is going to quiet that voice you have in the back of your head saying: once we get to that, then I'll be happy".
En eso estoy.