Bueno, en realidad no es que vaya otra vez a Ámsterdam, o por lo menos no por ahora. Pero Laura me pidió ver más fotos de cuando anduvimos por ahí y eso me hizo meterme en un tema que hace rato tenía ganas: Picasa. El programita ayuda a publicar fotos, que es un tema útil, así que en lo que va de las últimas 24 horas logré descular un poco cómo funciona.
En resumen, para ver algunas de las fotos que saqué, sírvase mi estimado lector hacer clic acá.
viernes 20 de noviembre de 2009
lunes 16 de noviembre de 2009
LH984
Domingo 15 de Noviembre de 2009, 22:23 hs, el Airbus 321 de Lufthansa aterrizó en la pista 1 del aeropuerto de Munich, 2 minutos antes de lo programado. No hacía el frío recalcitrante que me esperaba pero llovía. Lo que no me imaginaba era el frío glacial que hacía en la terminal, donde me esperaba Sabine para llevarme a casa...
Yo: "hola bombón" =D
Ella: "¿QUIÉN ES LINDA GARCÍA?" >(
Yo: "¡glup!..." =/
Avanzando 38 minutos en el tiempo...

Ese paquete en las manitos de mi querida novia es una envío prioritario de la mentada Linda con las prometidas glorias, más otras delicias mexicanas de yapa como obleas San Pablo, bolitas de leche y natillas Linares. Con la rubia nos comimos una de cada una y nos fuimos a dormir pipones, pero hoy esa caja no va a ser tan afortunada...
¡Gracias Linda!
En otro orden de cosas, y pa' no perder la costumbre, tengo que reconocer que vivir en este lugar (Alemania, para los desinformados) es una basura. Lo de vivir pasa a ser un eufemismo por residir sin disfrutar, que es más o menos la máxima aspiración a la que puede acceder un extranjero que intente integrarse. Qué signifia para un local no sé ni me interesa. Gotemburgo, que es donde estuve el fin de semana, es una muestra bastante abarcativa de lo que es Suecia en general, donde los más y los menos pueden o no ser del gusto de uno, pero básicamente uno es (y es tratado como) un ser humano. Y no es Suecia. Ni Francia. Ni Italia. O Argentina, para el caso. O México. No señor, no es que estos países tengan un manto de humanidad y sean por ello congraciados conmigo.
Es Alemania. Este lugar está mal. La línea entre el prejuicio y la experiencia no es demasiado gruesa, pero negar lo evidente sería de necios. Estoy cansado de intentar integrarme, de intentar "hacer contacto". HAL 9000 era mucho más tierna y considerada que estas paupérrimas imitaciones de seres humanos, que porque tienen pelos apenas califican para mamíferos. (ahhhh, qué satisfacción sentir otra vez esta inspiración de despotricar en una manera tan artística, sin insultos, sino con sutilezas...)
De todos modos acá estoy, y vamos a ver si le puedo sacar el jugo a la situación y hacer lo mejor de lo que tengo. Por lo pronto, estoy moviendo los engranajes para poder irme a casa lo antes posible. Veremos cómo resulta. El año que viene será lo que será.
Yo: "hola bombón" =D
Ella: "¿QUIÉN ES LINDA GARCÍA?" >(
Yo: "¡glup!..." =/
Avanzando 38 minutos en el tiempo...
Ese paquete en las manitos de mi querida novia es una envío prioritario de la mentada Linda con las prometidas glorias, más otras delicias mexicanas de yapa como obleas San Pablo, bolitas de leche y natillas Linares. Con la rubia nos comimos una de cada una y nos fuimos a dormir pipones, pero hoy esa caja no va a ser tan afortunada...
¡Gracias Linda!
En otro orden de cosas, y pa' no perder la costumbre, tengo que reconocer que vivir en este lugar (Alemania, para los desinformados) es una basura. Lo de vivir pasa a ser un eufemismo por residir sin disfrutar, que es más o menos la máxima aspiración a la que puede acceder un extranjero que intente integrarse. Qué signifia para un local no sé ni me interesa. Gotemburgo, que es donde estuve el fin de semana, es una muestra bastante abarcativa de lo que es Suecia en general, donde los más y los menos pueden o no ser del gusto de uno, pero básicamente uno es (y es tratado como) un ser humano. Y no es Suecia. Ni Francia. Ni Italia. O Argentina, para el caso. O México. No señor, no es que estos países tengan un manto de humanidad y sean por ello congraciados conmigo.
Es Alemania. Este lugar está mal. La línea entre el prejuicio y la experiencia no es demasiado gruesa, pero negar lo evidente sería de necios. Estoy cansado de intentar integrarme, de intentar "hacer contacto". HAL 9000 era mucho más tierna y considerada que estas paupérrimas imitaciones de seres humanos, que porque tienen pelos apenas califican para mamíferos. (ahhhh, qué satisfacción sentir otra vez esta inspiración de despotricar en una manera tan artística, sin insultos, sino con sutilezas...)
De todos modos acá estoy, y vamos a ver si le puedo sacar el jugo a la situación y hacer lo mejor de lo que tengo. Por lo pronto, estoy moviendo los engranajes para poder irme a casa lo antes posible. Veremos cómo resulta. El año que viene será lo que será.
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martes 10 de noviembre de 2009
nadar, o no nadar; esa es la cuestión...
Son las 10 y 10 de la mañana y tenía pensado ir a nadar, pero mi tonta garganta decidió despertarse doliendo. Hace 3 ó 4 semanas que debería haber encarado este menester (hacer ejercicio de alguna índole) pero por una cosa o por otra (mentira, es fiaca) no lo hago. El clima, cada día más frío, y la circunstancia de no tener que ir a trabajar no ayudan. Uno se hunde en casa, se amolda, se agarra, como una mancha que la dejan secarse y ya no sale. Para colmo, escribir acá es mucho menos esfuerzo que 50 largos en el estilo que sea. Para colmo, si este fin de semana quiero hacer uso de los pasajes que compré hace 2 meses para ir a Gotemburgo a visitar a una amiga, mejor me cuido.
Rebobinando algunos días, el miércoles pasado me fui en la moto a Bochum, a 600 km de Munich, a visitar a otra amiga que hace mucho que no veía. La pobre está en la demasiado típica situación en que tiene su computadora portátil, un departamento lindo, celular, está terminando la universidad, consiguió trabajo sin siquiera proponérselo, etc., y sin embargo extraña su vida en Paraguay con su mamá y sus cinco hermanos, cuando comían fideos con queso (pero la mamá no, porque no alcanzaba para todos) durante semanas, el piso de la casa era de tierra y no tenían para zapatos.
En estos 7 años y monedas que hace que me fui de casa es increíble la cantidad de cosas que me acostumbré a extrañar, y que entonces las daba por cantadas: la lluvia, la arena de la playa, los amigos, el "once catorce" (esos colectivos de Mercedes Benz), la plaza Mitre, las estrellas en el cielo, el viento, los renault 12 y los peugeot 504, las vacas incontables mirándome al costado de la ruta, los delirios presidenciales (Alfonsín, en este aspecto, era "aburrido"), etc.
Algo que me vengo guardando es que desde hace unas semanas estoy viendo a una psicoterapeuta. La doña es española, unos 40 años, y ya desde la primera cita me di cuenta de que tiene demasiados prejuicios sobre los alemanes, y los tiene muy fijos. Más de una vez me dijo cosas sobre su marido alemán que a mí me parecen improbables basado en mi experiencia, pero no imposibles. Cuando le hablo de mi experiencia con los alemanes, emite una especie de diagnóstico y no hay espacio para la disensión. En la mayoría de las ocaciones no solamente coincide conmigo en mis comentarios negativos de esta sociedad, sino que en general tiene opiniones todavía peores. El problema es, obviamente, que no me interesa la confirmación de mis percepciones (que las tomo como estadísticas) por una persona que no se gana el respeto en base a medir sus generalizaciones (que las asume como estocásticas), y en lugar de eso se la pasa prejuzgando, lo cual es mucho más cómodo que aceptar algún tipo de falencia en la propia capacidad de observar y sacar conclusiones. Parece ser de esas personas que creen que tener cualificaciones en un campo los autoriza a tener opiniones certeras en cualquier campo satélite o relacionado. Como si yo, por ser ingeniero mecánico, pudiera tener la más pálida idea de electrónica. Sí, tengo mi mente formada de la misma manera, pero no los datos. Y por eso adopté la postura o idea (por el camino difícil de darme contra la pared) de que la mejor discusión que uno puede tener sobre cualquier tema no es aquella en la se habla mucho, sino aquella en la que se escucha mucho. Nunca, en toda mi vida, tuve la sensación de haber escuchado demasiado. Pero parece que en mis sesiones con la loquera soy el único.
PD: me voy a nadar.
Rebobinando algunos días, el miércoles pasado me fui en la moto a Bochum, a 600 km de Munich, a visitar a otra amiga que hace mucho que no veía. La pobre está en la demasiado típica situación en que tiene su computadora portátil, un departamento lindo, celular, está terminando la universidad, consiguió trabajo sin siquiera proponérselo, etc., y sin embargo extraña su vida en Paraguay con su mamá y sus cinco hermanos, cuando comían fideos con queso (pero la mamá no, porque no alcanzaba para todos) durante semanas, el piso de la casa era de tierra y no tenían para zapatos.
En estos 7 años y monedas que hace que me fui de casa es increíble la cantidad de cosas que me acostumbré a extrañar, y que entonces las daba por cantadas: la lluvia, la arena de la playa, los amigos, el "once catorce" (esos colectivos de Mercedes Benz), la plaza Mitre, las estrellas en el cielo, el viento, los renault 12 y los peugeot 504, las vacas incontables mirándome al costado de la ruta, los delirios presidenciales (Alfonsín, en este aspecto, era "aburrido"), etc.
Algo que me vengo guardando es que desde hace unas semanas estoy viendo a una psicoterapeuta. La doña es española, unos 40 años, y ya desde la primera cita me di cuenta de que tiene demasiados prejuicios sobre los alemanes, y los tiene muy fijos. Más de una vez me dijo cosas sobre su marido alemán que a mí me parecen improbables basado en mi experiencia, pero no imposibles. Cuando le hablo de mi experiencia con los alemanes, emite una especie de diagnóstico y no hay espacio para la disensión. En la mayoría de las ocaciones no solamente coincide conmigo en mis comentarios negativos de esta sociedad, sino que en general tiene opiniones todavía peores. El problema es, obviamente, que no me interesa la confirmación de mis percepciones (que las tomo como estadísticas) por una persona que no se gana el respeto en base a medir sus generalizaciones (que las asume como estocásticas), y en lugar de eso se la pasa prejuzgando, lo cual es mucho más cómodo que aceptar algún tipo de falencia en la propia capacidad de observar y sacar conclusiones. Parece ser de esas personas que creen que tener cualificaciones en un campo los autoriza a tener opiniones certeras en cualquier campo satélite o relacionado. Como si yo, por ser ingeniero mecánico, pudiera tener la más pálida idea de electrónica. Sí, tengo mi mente formada de la misma manera, pero no los datos. Y por eso adopté la postura o idea (por el camino difícil de darme contra la pared) de que la mejor discusión que uno puede tener sobre cualquier tema no es aquella en la se habla mucho, sino aquella en la que se escucha mucho. Nunca, en toda mi vida, tuve la sensación de haber escuchado demasiado. Pero parece que en mis sesiones con la loquera soy el único.
PD: me voy a nadar.
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lunes 2 de noviembre de 2009
una de esas tardes
Un churro. Mi reino por un churro con dulce de leche.
Son las 4 y 10 de la tarde, estoy en casa, afuera hace frío y Sabine no vuelve del trabajo hasta dentro de una hora. Hace 2 semanas que no trabajo, porque la depresión me agarró tan feo que el médico convinió en darme 4 semanas libres. Pensar que esto hace un par de años me hubiera parecido una mariconada, y hoy no creo que me sea posible volver a la oficina en el estado patético en el que me encuentro. De hecho, si sigue así la cosa me voy a casa antes de lo previsto, a sumergirme entre seres humanos a ver si puedo reconstruir mi alma, por imperfecta que sea. Je, esa es la ventaja de ser humano; uno puede tener fallas y el mundo sigue girando.
Hoy vagando por la red leí de alguien (que por lo demás me resultó un imbécil) algo muy cierto: cuando a uno le pasan cosas dignas de sentarse a dejarlas escritas, menos tiempo tiene para eso. Así que a lo que aspiramos es a encontrar la inspiración en esos momentos en que tenemos más tiempo para sentarnos enfrente a la compu. Y eso me hizo acordar de algo más: lo agradecido que estoy de haber descubierto este mundo de las bitácoras en internet. Estar sin trabajar parece cómodo, pero para un 35añero como yo acostumbrado a trabajar de lunes a sábados de 7 a 18 desde los 13 años, es como que no puedo disfrutar el ocio. Se supone que tengo que aprovechar el tiempo para recuperarme mediante deporte, lectura, remedios, etc., y lo hago, pero llega un momento en que llenar 10 horas que ya me había olvidado que existían, no se hace fácil. Y leer a Luisa, Pablo, Mónica, Juan (a ver si nos ponemos un poco las pilas por ahí), Sonia (hoy te voté en Oblogo), entre otros, es... cómo decirlo... bue, para todo lo demás existe mastercard.
En fin, acá estoy, tratando de recuperar el sentido a mi existencia leyendo la sobre el sentido de la existencia de los otros. Lamentablemente este período coincide con los dos peores libros que he leído de Borges: El Hacedor e Historia de la Eternidad. Lamentablemente los agarré inmediatamente después de uno de sus mejores, Historia Universal de la Infamia, así que el contraste me mató. Me decepcionó, diría yo.
En fin, lo que quería dejar era todo ese sentimiento de agradecimiento que siento por haber conocido gente de tanta calidad como los que mencioné y los que no.
Y para terminar, me voto por pegarme a mí mismo... =D
¡Chin chín!
Son las 4 y 10 de la tarde, estoy en casa, afuera hace frío y Sabine no vuelve del trabajo hasta dentro de una hora. Hace 2 semanas que no trabajo, porque la depresión me agarró tan feo que el médico convinió en darme 4 semanas libres. Pensar que esto hace un par de años me hubiera parecido una mariconada, y hoy no creo que me sea posible volver a la oficina en el estado patético en el que me encuentro. De hecho, si sigue así la cosa me voy a casa antes de lo previsto, a sumergirme entre seres humanos a ver si puedo reconstruir mi alma, por imperfecta que sea. Je, esa es la ventaja de ser humano; uno puede tener fallas y el mundo sigue girando.
Hoy vagando por la red leí de alguien (que por lo demás me resultó un imbécil) algo muy cierto: cuando a uno le pasan cosas dignas de sentarse a dejarlas escritas, menos tiempo tiene para eso. Así que a lo que aspiramos es a encontrar la inspiración en esos momentos en que tenemos más tiempo para sentarnos enfrente a la compu. Y eso me hizo acordar de algo más: lo agradecido que estoy de haber descubierto este mundo de las bitácoras en internet. Estar sin trabajar parece cómodo, pero para un 35añero como yo acostumbrado a trabajar de lunes a sábados de 7 a 18 desde los 13 años, es como que no puedo disfrutar el ocio. Se supone que tengo que aprovechar el tiempo para recuperarme mediante deporte, lectura, remedios, etc., y lo hago, pero llega un momento en que llenar 10 horas que ya me había olvidado que existían, no se hace fácil. Y leer a Luisa, Pablo, Mónica, Juan (a ver si nos ponemos un poco las pilas por ahí), Sonia (hoy te voté en Oblogo), entre otros, es... cómo decirlo... bue, para todo lo demás existe mastercard.
En fin, acá estoy, tratando de recuperar el sentido a mi existencia leyendo la sobre el sentido de la existencia de los otros. Lamentablemente este período coincide con los dos peores libros que he leído de Borges: El Hacedor e Historia de la Eternidad. Lamentablemente los agarré inmediatamente después de uno de sus mejores, Historia Universal de la Infamia, así que el contraste me mató. Me decepcionó, diría yo.
En fin, lo que quería dejar era todo ese sentimiento de agradecimiento que siento por haber conocido gente de tanta calidad como los que mencioné y los que no.
Y para terminar, me voto por pegarme a mí mismo... =D
¡Chin chín!
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viernes 30 de octubre de 2009
uno de esos días
Hoy es uno de esos días en que la depresión me lleva a mirar las cosas con otra perspectiva. Me acuerdo hace unos años cuando podía pensar en el futuro y añorarlo aunque todavía no hubiera pasado. Quería formar recuerdos. Ahora solamente quiero borrar los que tengo y sumergirme en algún trance (como cuando manejo la moto a 270 km/h) para no sentirme abatido por las posibilidades del futuro que alcanzo a vislumbrar desde mi situación. El único pedazo de vida que tengo es rubia y se llama Sabine, y ni siquiera estoy seguro de eso.
Los días pasan, el ánimo va y viene pero no se acerca ni remotamente a sentir que vale la pena estar vivo. Siento que nada me sale y lo que me sale, sale mal. Cada día soy más inútil en mi propia vida. Cada día parece que tengo menos aspiraciones y que no puedo contribuir a construir el futuro que soñaba y del que ni siquiera me acuerdo. Era un futuro de sensaciones y sentimientos haciendo cosas que me estimularan el alma. Hoy por hoy apenas llego a sentir hambre y sueño. Apenas.
Mientras tanto Mercedes Sosa canta 5 Siglos Igual casi a capella. Pucha que le daba esa voz.
Los días pasan, el ánimo va y viene pero no se acerca ni remotamente a sentir que vale la pena estar vivo. Siento que nada me sale y lo que me sale, sale mal. Cada día soy más inútil en mi propia vida. Cada día parece que tengo menos aspiraciones y que no puedo contribuir a construir el futuro que soñaba y del que ni siquiera me acuerdo. Era un futuro de sensaciones y sentimientos haciendo cosas que me estimularan el alma. Hoy por hoy apenas llego a sentir hambre y sueño. Apenas.
Mientras tanto Mercedes Sosa canta 5 Siglos Igual casi a capella. Pucha que le daba esa voz.
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lunes 26 de octubre de 2009
Anne Frank Huis
Hace un par de semanas fue el cumple de mi rubia, y como una vez me comentó que nunca había estado en Ámsterdam decidí jugármela y reventarme un par de cientos de mis duramente ahorrados euros para pagar el vuelo y la estadía por dos noches en esa ciudad tan linda. En mi caso, como viví más de 3 años en una ciudad chica en el norte de Alemania, y tiro de piedra de Ásterdam (unos 210 km), me dí el gusto de visitarla unas 5 veces hasta ahora. Pero esta era la primera vez que no iba solo o con amigotes, sino en plan romanticón. El pasaje y el hotel los reservé hace como un mes y medio, y la tuve a Sabine adivinando hasta el día de su cumple, 3 días antes del viaje. La sonrisa que se le dibujó en la cara cuando por fin le develé la ciudad con la que venía amenazándola le dio vuelta y media a la cara. Es que Sabine con estas cosas tiene la frescura y la alegría de un nene de 4 años.

Una de las cosas que más nos interesaba a los dos era la de ver la casa de Ana Frank. Lamentablemente, por una cosa o por otra, en todas las veces que estuve nunca tuve la oportunidad. Y más lamentablemente, esta vez tampoco. Es que cada una de las 3 ó 4 veces que pasamos por Prinsengracht 263 la cola llegaba hasta la esquina, daba la vuelta y se extendía por media cuadra, más los veinte metros de cola adentro del museo hasta la caja. Ya la primera vez que vimos eso nos quedamos muy satisfechos pactando que teníamos una excusa perfecta para volver a Ámsterdam.
Ahora la cuestión es: ¿cómo describo esta ciudad para plasmar y transmitir por qué me gusta tanto (a mí y a unos cuantos)? ¡¡¡Ahhh!!! El viejo truco de "una imagen vale más que mil palabras". Pues acá van 6000 palabras...






Como es fácil imaginar, el alma me quedó de todos colores. Por fin.

Una de las cosas que más nos interesaba a los dos era la de ver la casa de Ana Frank. Lamentablemente, por una cosa o por otra, en todas las veces que estuve nunca tuve la oportunidad. Y más lamentablemente, esta vez tampoco. Es que cada una de las 3 ó 4 veces que pasamos por Prinsengracht 263 la cola llegaba hasta la esquina, daba la vuelta y se extendía por media cuadra, más los veinte metros de cola adentro del museo hasta la caja. Ya la primera vez que vimos eso nos quedamos muy satisfechos pactando que teníamos una excusa perfecta para volver a Ámsterdam.
Ahora la cuestión es: ¿cómo describo esta ciudad para plasmar y transmitir por qué me gusta tanto (a mí y a unos cuantos)? ¡¡¡Ahhh!!! El viejo truco de "una imagen vale más que mil palabras". Pues acá van 6000 palabras...
A 100 metros del hotel saqué estas tres...



...y en un paseo en bote por los canales estas...
Como es fácil imaginar, el alma me quedó de todos colores. Por fin.
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viernes 9 de octubre de 2009
IPR
Como buen marplatense con bolsillos para comprar opciones educativas, de chico fui al Instituto Peral Ramos, que pertencce a la Fundación Marista, la misma a la que pertenece el Champagnat (paquete si los hay) en Buenos Aires. Empecé con 4 años en el Jardín de Infantes, después al preescolar (5), después Primaria (los siete años de los 6 a los 12 inclusive) y finalmente secundaria (los 5 años de los 13 a los 17), que terminé en el '91.
Mis recuerdos de ese lugar son de variados colores, por supuesto. No tuve una infancia que podría calificar ciegamente de feliz, pero tuve unos momentos muy lindos y no demasiados momentos malos. En la escuela, lo mismo. La diferencia, quizás, era que en la escuela había unas reglas bastante explícitas y siempre me sentí incómodo con las reglas. Ahora, de "grande", las uso como referencia, nunca como límite. Creativo, desde mi torcido punto punto de vista. Frustrante, irritante, insoportable y muchos etcéteras, desde el punto de vista de otros. En fin.
Ese IPR era, es, un lugar donde uno aprende no solamente el programa de estudios en forma muy superior al promedio, sino también que uno, por el hecho de ir al IPR (a base de pagar la mensualidad, tener el amigo correcto, y sin importar demasiado las capacidades intelectuales) ES superior al promedio. Aprendí cómo hay que ser magnánimo y displicente, sin obviar la cuota de desprecio, hacia los que no pertenecían a nuestra casta. Después de todo, no era la culpa de José Pérez no tener doble apellido y manejar un Renault 12 y no poder mandar a sus hijos al IPR. Dios así lo había dispuesto. Estaba, entonces, destinado a la plomería, jardinería o a atender la caja de un supermercado, entre otros trabajos manuales y, por ende, por debajo de nuestro nivel (espero no ser demasiado molesto con esto de la itálica).
No puedo negar que la educación en el plano formal de las ciencias, matemática, lengua y literatura, biología, y más fue excelente. Nunca tuve excelentes notas y sin embargo en cuestiones de cultura general, capacidad para afrontar plazos de entrega, trabajar en equipo, encarar desafíos, etc. uno salía muy bien preparado. Más tarde, en la universidad, se notaba un abismo importante con respecto a compañeros que venían de otras escuelas, con excepción del Illia, que hasta donde recuerdo es el mejor colegio público de mi ciudad. Haber ido a uno de esos dos colegios significaba que los primeros dos años de facultad, que son los más difíciles y de mayor deserción, serían más exitosos y agradables, a base de estar acostumbrado al esfuerzo, sacrificio y estudio.
Una de las materias que más me gustaba y por las que casi termino no siendo un ingeniero, era geografía. Nuestro profesor era muy bueno porque combinaba conocimiento con amor por lo que enseñaba, y lo entregaba en un paquete de pedagogía. Lo mejor de lo mejor era que tenía infinidad de historias para contar sobre sus viajes, pero el tipo no era capaz de acordarse de que hacía dos semanas nos había contado esa historia sobre las islas galápagos, y nos la repetía. Para nosotros era una forma de perder tiempo y relajarnos, que bien nos hacía falta. Lamentablemente este buen hombre, que no me acuerdo el nombre y con la mejor de sus intenciones, nos enseñó algunas cosas popularizadas creo en cada país del mundo con respecto a sí mismo, a saber:
- Argentina es un país inherentemente pacifista.
- relacionado con lo primero, cualquier conflicto en el que se ha visto envuelto mi país ha sido causado por el otro.
- Argentina siempre ha perdido territorio.
- Argentina siempre es la víctima de sus vecinos imperialistas y expansionistas. Siguiendo el ejemplo de Bush (padre), nuestros vecinos integran una sudamericana y torcida versión del eje del mal.
Esta visión, curiosamente, es la misma que se tiene en Chile sobre Argentina, Bolivia y Perú; en Bolivia sobre Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú, en Paraguay sobre Argentina, Bolivia y Brasil, etc. (a propósito paré acá para no tener que listar los 450 países con los que limita Brasil...). De esto estamos casi todos en la ignorancia. Nadie se pone en el lugar del otro, y terminamos odiándonos por poco o nada. Lo que es más, la estupidez colectiva nos lleva a agresiones gratuitas que convierten el antes injustificado odio en algo justificado. Más de una vez, investigando sobre los conflictos limítrofes que han mantenido Argentina y Chile en tensión desde 1800 hasta hace poco (al menos a nivel formal) terminé en foros en internet donde argentinos y chilenos, la mayoría desinformados a niveles alarmantes, se decían cosas inadmisibles no solamente como argumentos en cualquier discusión, sino que hasta como insultos y por el simple placer de insultar eran baratos. Lo mismo entre paraguayos y brasileros, y así en todos los posibles pares que se puedan armar. Peor todavía, este fenómeno se repite en todas partes del mundo, lo cual no lo hace menos lamentable. Al contrario.
Acá me voy a detener porque el tema da para mucho, pero el objetivo de toda esta perorata era despertar el interés por un trabajo que es autoexplicativo del porqué de su existencia y puede ser leído en este enlace. Es un resumen de un doctorado de cientos de páginas, pero el resumen en sí tiene 16 páginas y se puede leer por arriba en media hora, y en varios días si se trata de entender todo. Creo que es el pedazo de información más importante que un maleducado como yo pudo obtener.
Buen provecho.
PD: hace cosa de un año decidí que, como menciona su autor, este trabajo necesitaba más difusión en ambos países, y le escribí al rector de mi ex-colegio, el IPR, comentándoselo. ¿A vos te contestaron? A mí no. También se lo envié a mi padre. ¿Vos lo leíste? Porque él no. Pero me dí el gusto de hablarlo con todos mis amigos argentinos y chilenos, y hasta con paraguayos, por las dudas, para que construyan sus analogías.
Mis recuerdos de ese lugar son de variados colores, por supuesto. No tuve una infancia que podría calificar ciegamente de feliz, pero tuve unos momentos muy lindos y no demasiados momentos malos. En la escuela, lo mismo. La diferencia, quizás, era que en la escuela había unas reglas bastante explícitas y siempre me sentí incómodo con las reglas. Ahora, de "grande", las uso como referencia, nunca como límite. Creativo, desde mi torcido punto punto de vista. Frustrante, irritante, insoportable y muchos etcéteras, desde el punto de vista de otros. En fin.
Ese IPR era, es, un lugar donde uno aprende no solamente el programa de estudios en forma muy superior al promedio, sino también que uno, por el hecho de ir al IPR (a base de pagar la mensualidad, tener el amigo correcto, y sin importar demasiado las capacidades intelectuales) ES superior al promedio. Aprendí cómo hay que ser magnánimo y displicente, sin obviar la cuota de desprecio, hacia los que no pertenecían a nuestra casta. Después de todo, no era la culpa de José Pérez no tener doble apellido y manejar un Renault 12 y no poder mandar a sus hijos al IPR. Dios así lo había dispuesto. Estaba, entonces, destinado a la plomería, jardinería o a atender la caja de un supermercado, entre otros trabajos manuales y, por ende, por debajo de nuestro nivel (espero no ser demasiado molesto con esto de la itálica).
No puedo negar que la educación en el plano formal de las ciencias, matemática, lengua y literatura, biología, y más fue excelente. Nunca tuve excelentes notas y sin embargo en cuestiones de cultura general, capacidad para afrontar plazos de entrega, trabajar en equipo, encarar desafíos, etc. uno salía muy bien preparado. Más tarde, en la universidad, se notaba un abismo importante con respecto a compañeros que venían de otras escuelas, con excepción del Illia, que hasta donde recuerdo es el mejor colegio público de mi ciudad. Haber ido a uno de esos dos colegios significaba que los primeros dos años de facultad, que son los más difíciles y de mayor deserción, serían más exitosos y agradables, a base de estar acostumbrado al esfuerzo, sacrificio y estudio.
Una de las materias que más me gustaba y por las que casi termino no siendo un ingeniero, era geografía. Nuestro profesor era muy bueno porque combinaba conocimiento con amor por lo que enseñaba, y lo entregaba en un paquete de pedagogía. Lo mejor de lo mejor era que tenía infinidad de historias para contar sobre sus viajes, pero el tipo no era capaz de acordarse de que hacía dos semanas nos había contado esa historia sobre las islas galápagos, y nos la repetía. Para nosotros era una forma de perder tiempo y relajarnos, que bien nos hacía falta. Lamentablemente este buen hombre, que no me acuerdo el nombre y con la mejor de sus intenciones, nos enseñó algunas cosas popularizadas creo en cada país del mundo con respecto a sí mismo, a saber:
- Argentina es un país inherentemente pacifista.
- relacionado con lo primero, cualquier conflicto en el que se ha visto envuelto mi país ha sido causado por el otro.
- Argentina siempre ha perdido territorio.
- Argentina siempre es la víctima de sus vecinos imperialistas y expansionistas. Siguiendo el ejemplo de Bush (padre), nuestros vecinos integran una sudamericana y torcida versión del eje del mal.
Esta visión, curiosamente, es la misma que se tiene en Chile sobre Argentina, Bolivia y Perú; en Bolivia sobre Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú, en Paraguay sobre Argentina, Bolivia y Brasil, etc. (a propósito paré acá para no tener que listar los 450 países con los que limita Brasil...). De esto estamos casi todos en la ignorancia. Nadie se pone en el lugar del otro, y terminamos odiándonos por poco o nada. Lo que es más, la estupidez colectiva nos lleva a agresiones gratuitas que convierten el antes injustificado odio en algo justificado. Más de una vez, investigando sobre los conflictos limítrofes que han mantenido Argentina y Chile en tensión desde 1800 hasta hace poco (al menos a nivel formal) terminé en foros en internet donde argentinos y chilenos, la mayoría desinformados a niveles alarmantes, se decían cosas inadmisibles no solamente como argumentos en cualquier discusión, sino que hasta como insultos y por el simple placer de insultar eran baratos. Lo mismo entre paraguayos y brasileros, y así en todos los posibles pares que se puedan armar. Peor todavía, este fenómeno se repite en todas partes del mundo, lo cual no lo hace menos lamentable. Al contrario.
Acá me voy a detener porque el tema da para mucho, pero el objetivo de toda esta perorata era despertar el interés por un trabajo que es autoexplicativo del porqué de su existencia y puede ser leído en este enlace. Es un resumen de un doctorado de cientos de páginas, pero el resumen en sí tiene 16 páginas y se puede leer por arriba en media hora, y en varios días si se trata de entender todo. Creo que es el pedazo de información más importante que un maleducado como yo pudo obtener.
Buen provecho.
PD: hace cosa de un año decidí que, como menciona su autor, este trabajo necesitaba más difusión en ambos países, y le escribí al rector de mi ex-colegio, el IPR, comentándoselo. ¿A vos te contestaron? A mí no. También se lo envié a mi padre. ¿Vos lo leíste? Porque él no. Pero me dí el gusto de hablarlo con todos mis amigos argentinos y chilenos, y hasta con paraguayos, por las dudas, para que construyan sus analogías.
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