martes, 13 de septiembre de 2016

soledad

La semana pasada pensaba en la soledad. Por un lado, si uno la necesita es la mejor bendición, el más placentero de los placeres. Por otro, si lo que uno necesita es compañía, la soledad es espantosa. Corroe el alma y nos tienta a tomar decisiones estúpidas, a bajar nuestras normas, a ignorar nuestras necesidades y aceptar mediocridad; todo con la esperanza de que después va a mejorar, pero con la necesidad visceral de llenar el vacío que nos come por dentro.
La soledad tiene muchas ventajas. La libertad es la primera. Ir y venir sin dar explicaciones. Comprar y vender, acostarse y levantarse. No hace falta estirar la prosa con esto.
Lo segundo que sucede al estar solo es que permite a uno el diálogo con sí mismo. Es condición necesaria, aunque no suficiente. Hoy en día es más fácil que nunca entretenerse con estupideces, llenar el día en lugar de llenar la vida; desde los pajaritos enojados, pasando por feisbuc, hasta la pornografía o incluso peor, pero que en definitiva nos son más que versiones modernas de juntar estampillas. En inglés se dice hobby a lo que en castellano traducimos indistintamente como afición o pasatiempo pero que son dos cosas muy diferentes: lo primero es hacer lo que a uno le gusta, es buscarse el tiempo para dedicárselo a una actividad que nos satisface; lo segundo es un crimen horrible, porque consiste en derrochar lo más preciado que tenemos y para lo cual no hay extensiones, devoluciones ni garantías en caso de falla. Sentarse entonces a escucharse a uno mismo, a darse espacio a sus propios sentimientos, a cultivar la introspección... es más importante todavía que leer un buen libro. Y esto nos lleva a agarrar la vida por las astas y hacer caso a esa canción de Eladia Blázquez que nos dice lo que es Honrar la vida, mejor cantada por Marilina Ross.
Crecer como ser humano implica ineludiblemente avanzar en el aspecto interno, y los desafíos que se producen cuando uno no tiene más remedio que arreglárselas solo son invalorables. El orgullo que nace de un "lo logré" es un orgullo sano y honesto, no vano. El descubrirse capaz de resolver una situación con las herramientas que uno posee es una satisfacción enorme, y disfrutar eso en silencio e introspección es muy válido.
Lo último que se me hace importante mencionar es algo a lo que yo personalmente soy muy sensible, que es la capacidad de concentración y foco que permite el estar solo. Soy una persona que se toma la compañía muy seriamente y la incluyo en mis decisiones, y la soledad me permite analizar las situaciones en forma más fría y personal, y decidir en consecuencia, sin ataduras que me impongo a mí mismo. Tantas veces uno quiere una cosa pero debe hacer otra, y toma decisiones de compromiso que no dejan contento ni a uno ni a otro. La soledad, en esos momentos, nos permite hacer cosas que de otra manera significarían pasar por algo las necesidades de aquellos que están cerca, o satisfacer deseos que irían contra los de otro.


Estas ventajas tan grandes que ofrece la soledad pueden ser justamente las peores desventajas. Cuando ser libre depende de estar solo, equivale a que en caso de tomar una decisión equivocada no hay ni a quién echarle un poco de la culpa, ni a quién pedirle ayuda por su responsabilidad. Y sin embargo, en mi experiencia esto no es lo peor ni de cerca. Cuando estaba en la facultad en Buenos Aires y me enteraba que reboté en algún examen, o cuando fui al médico alguna vez sabiendo que algo andaba mal en mí ya mientras estaba sentado en la sala de espera, o cuando salía con la mala noticia, si bien me faltaba alguien, no me dolía mucho no tener una persona con quién charlarlo. Pero cuando me sacaba un 10 o me daban un aumento en el trabajo o cosas así, ahí era cuando sufría el no poder decírselo a nadie inmediatamente, festejar, recibir una palmadita o (y acá reside la clave de muchos de mis pedos mentales) mostrar que no soy tan defectuoso. (Siguiendo con el paréntesis, creo que el sentimiento negativo generado por la mala noticia se compensaba un poco por el alivio de que nadie estaba ahí para ver lo defectuoso que soy. Pero volviendo al tema...) Una vez leí que las tristezas compartidas son la mitad de tristes, y las alegrías compartidas se hacen el doble. A mí en lo personal, no tener con quién compartir una alegría siempre me pegó, por el motivo que sea.
En cuanto al diálogo, es muy lindo pero todos sabemos a dónde lleva el darse manija solo sin alguien más objetivo, o por lo menos con otra opinión, contra quien cotejar nuestras teorías de que el vecino nos la tiene jurada, que la cajera del banco está caliente con uno o que no sirvo para nada. La mente tiene piedra libre para llevarnos por donde se le cante al coro de locuras acumuladas y mala suerte. La realidad existe en tanto y en cuanto seamos capaces de verla. Y nadie es 100% objetivo.
El tema de la inspiración es algo que se relaciona con uno de los fetiches más entronados de la sociedad moderna: el trabajo en equipo. Y sin ponerme a criticarlo junto con las estadísticas y otras cuestiones que en lugar de complementar al sentido común lo han reemplazado, tener con quién compartir un trabajo y resolverlo en grupo es muy constructivo, y nos provee de habilidades perdón, soft skills, que nos sirven para todo. Además, ¿cuántas veces nos trabamos en algo y de tanto concentrarnos en eso nos empantanamos? Esto de resolver un trabajo en el contexto de un grupo nos ayuda a desarrollar la capacidad de ver el árbol y el bosque al mismo tiempo y de concentrarnos en nuestra parte sin dejarnos asustar por el tamaño del problema, sabiendo que otros se están ocupando de otras partes. También nos enseña a entregar los resultados en tiempo y forma. Esto introduce naturalmente y no tanto por indoctrinación, la importancia de la puntualidad, de aceptar las responsabilidades y de asumir nuestra parte del esfuerzo en cooperación y coordinación con otros.
El cuco de la soledad tiene muchas formas, y confundirlas con estar solo por no estar con alguien, o pensar que por estar con alguien uno no está solo, nos llevan a tomar decisiones equivocadas.
Y en eso estoy: sigo a Novia y me aseguro mi futuro, o me suelto y arriesgo terminar charlando con un Border Collie.

jueves, 18 de agosto de 2016

relaciones

Existe una enorme diferencia entre fracasar en un intento y fracasar por no intentar. O algo así escribió Francis Bacon allá por el siglo XVI. O sea, que el fracaso te encuentre ocupado y no tirado en la cama si ya son las 11 de la mañana. El miedo es el peor consejero. Vivir la vida en un macetero en un lindo departamento, en lugar de un bosque donde llueve, hay viento, insectos y pájaros es la manera infalible de despertarse un día, cuando los hijos ya no llaman tan seguido, y preguntarse para qué joraca uno se comió todos esos años esperando que se hicieran las 5 y poder fichar para irse a su casa.
La vida no viene con manual de instrucciones; no, no es la biblia ni ninguno de esos libros pedorros escritos por gente primitiva, ignorante y supersticiosa; libros con menos crédito que sagas del tipo El Señor de los Anillos o Batman. Si hay libros a los que uno puede recurrir, esos son los de gente que ha pasado dificultades, las ha superado, y las ha documentado. Con más o menos talento, prosa, poesía, fama y detalle. La regla de oro, no hagas a los demás no que no te gusta que te hagan, es la base moral que llevamos incrustada desde mucho antes de la invención del papiro y el resto lo vemos. Excepto algunos imbéciles que piensan que esas escrituras toman precedencia al principio natural de no hacer daño a otro ser humano, el resto de nosotros nos entristecemos al ver que otra persona sufre.
Los últimos días no han sido precisamente relajados. Novia, como cualquier mujer, tiene arranques paranoicos. Distinguir entre la realidad y lo que ella interpreta de la realidad es un desafío de por sí, y a las mujeres les resulta más difícil que a los hombres no dejar sus miedos guiar sus trenes de pensamiento y, en definitiva, la interacción con la realidad. Esto, para los que están alrededor, es un desgaste innecesario de la relación. De mi parte, la solución es cortar con ella, pero ella se lleva el problema bien abrazado contra el pecho, y la aprecio demasiado para dejar que se haga eso a sí misma. Así que estoy gastando un poco más de mi tiempo en ayudarla antes de dejarla seguir su camino con una palmada en la cola y mis mejores deseos, y yo seguiré el mío.
Para quien se pregunte de qué mocos estoy hablando, he aquí la anécdota. Ni la primera, ni la peor. Resulta que estuve enfermo toda la semana sin poder hablar. Ni una palabra dije desde el martes a la tarde hasta el viernes al mediodía. Y sin embargo, jueves a la tarde tuvimos una discusión. O mejor dicho, ella tuvo una discusión. Formuló preguntas y propuso respuestas. Eso en sí no tiene demasiado de malo. Bastante, pero de por sí no es grave si uno considera mi situación de mudo aficionado. El asunto se puso interesante por el calibre de las estupideces que preguntó, pero que parecían serias comparadas a las mega-estupideces que se contestó en mi nombre. Esto ya de por sí desafía la paciencia del más pintado, si no fuera porque entonces volvió a su rol de formular preguntas y asumió que su respuesta era mía, y de ahí disparó. Esto lo hizo 3 ó 4 veces. Algo así como Kennedy y Kruschev con los misiles en Cuba, pero monólogo. Todo con una stracciatella de recriminaciones por cosas que pasaron hace 6 meses y se guardó por insegura, y en las que no puedo dejar de recalcar que mi única falta fue estar ahí o apenas pasar por la esquina. No le metí los cuernos, ni la desprecié, ni ninguna otra cosa. Simplemente tuve un dolor de cabeza que se me partía en algún momento en que ella requería mi atención. Cosas así.
Por factores que se combinan y además de sumarse se potencian, me cuesta terminar una relación. Lo primero que me detiene es el rechazo que me provoca herir a otra persona. Pero le siguen la sensación de fracaso, el miedo a la soledad, el convencimiento de ser defectuoso e indigno de amor, la situación del "mercado" (mi edad, el lugar donde estoy, la estupidez generalizada), mis aspiraciones de la vida... no es fácil encontrar una compañera. No, no es nada fácil. Y eso me hace aceptar condiciones y bajar la cabeza, buscar la forma, seguir intentándolo... a pesar de estar insatisfecho. Tomar y ejecutar la decisión de permanecer fiel a mí mismo y atender a mis necesidades, sin egoísmo, pero con mí mismo como prioridad, requiere también perder aquello que por lo menos nos acompaña. Cuando Novia no está ocupada delirando, es de hecho una compañera muy agradable. Con sus fallas, no peores que las mías, representa una buena combinación de virtudes que aprecio y valoro. Pero hay áreas en las que se queda corta y estoy descubriendo que no las puedo negociar. No puedo decir "sí, pero tiene esto otro", porque son condiciones sine qua non, lo cual plantea la pregunta de cuánto puedo sacrificar antes de bajar de felicidad a conformismo y, eventualmente, a peor es nada.
Eventualmente, me dijo un amigo, las cosas se resuelven de la manera que deben hacerlo. Si una relación no es, es porque no tenía que ser. Y eso, tengo que admitir, es un consuelo. Ahora, me encantaría encontrar la puta relación que sí tenga que ser.

miércoles, 10 de agosto de 2016

anticuerpos

sip, toy enfermo. De la garganta. No iba a ser de los ovarios.
Lo mío es el estrés, que le dicen, anglicismo que se refiere a sobrecargar la máquina, en particular la cabezota. Hace cosa de dos semanas por fin di el paso y compré las luces auxiliares para la moto, que tanto hacen falta para ser visto más que para ver. De diodos, obviamente. Llaman la atención pero no molestan sobremanera. Pero eso, que ya de por sí no fue fácil, fue nada más que el principio. Después hay que fijar los proyectores a algún punto, que en una moto como esta no es fácil porque está carenada. Al final me decidí por algún lugar cerca de la rueda delantera, cosa de que estén separados del faro principal y formen una silueta fuera de lo convencional cuando se ve la moto de frente. El tema era que no quería fijarlas a la rueda misma y que vibraran y se sacudieran, sino a la parte superior, la que va solidaria al resto del cuadro. La masa suspendida, que le dicen los ingenieros. Y eso no fue tampoco fácil, ni mucho menos barato. Pero no bastó. Después de lograr poner todas las piezas juntas, los faros quedaban parcialmente tapados por los deflectores del guardabarros delantero, así que hizo falta unas extensiones. Y todavía no hice nada en lo referente a lo eléctrico, que para mí es cosa de Harry Potter.
Todo esto se vino a combinar con decisiones en el ámbito personal, laboral, de pareja y, finalmente, psicológico. ¿Qué cazzo quiero hacer de mi vida? ¿me mudo a Luxemburgo, me quedo donde estoy, o me voy a algún otro lado? ¿vendo mi departamento o lo alquilo o me quedo? ¿sigo en esta relación o la corto? O sea... no son cosas triviales.


Si bien todo esto no es sorpresa, y de alguna manera estoy dejando pasar el tiempo un poco mucho, un efecto que no preví fue el que me iba a provocar tanta tensión interna, al punto de que estoy durmiendo para la mierda y llegué a esto, a enfermarme. Obviamente, me está rompiendo el coco por dentro y la estupidez de los faros para la moto fueron simplemente la gota que rebalsó el vaso. Aleluya.

Estoy consciente de que pienso más de lo necesario, y a veces más de lo que es saludable. A veces vivo en mi zona de confort por demasiado tiempo y paso los días en viajes introspectivos. Fotografiar, viajar, leer, y de alguna forma también escribir, me inspiran a mirar hacia afuera y escapar de mi prisión mental.
Por lo pronto estoy con una dieta de ibuprofeno, mucha agua, un poco de té y sin hablar en lo absoluto. Voto de silencio, como los monjes en Meteora, en Grecia, por lo menos hasta que deje de sentir que estoy tragando aserrín cada vez que... bueno, que trago. Así que por ahora a comérsela, aguantársela, seguir desperdiciando la vida con videos de internet y a esperar que mis anticuerpos hagan lo que hacen los anticuerpos.

lunes, 1 de agosto de 2016

el universo

A todos nos gustaría salir con Olivia Wilde con tetas. O sin tetas, para ser honesto.
Algunos tenemos más problemas que otros para aceptar la realidad, que es que por cada Olivia hay unas cuantas que pueden ser honestamente confundidas con la hermana fea de Jabba the Hutt.
Pero digamos que sí encontramos una compañera de ruta que más o menos satisface nuestras aspiraciones en lo que se refiere a lo visual. Lamentablemente, es como salir de la colación con el título en la mano; sí, con buenas notas y todo. Ahí empieza lo difícil. ¿Es bipolar? ¿Se come los mocos? ¿Qué tal la madre? ¿Es compatible en el sexo? ¿Intelectualmente? ¿Y la autoestima? Y todo esto sin meterse en el asunto más trascendente de todos, y que mal que le pese a todos los gurús de la vida moderna y el desuso en que cayó, sigue siendo central: ¿es buena mina? ¿te trata bien? ¿es madura?
Entonces, y visto exclusivamente desde mi perspectiva, encontrar una compañera implica dificultades que hasta ahora, con 42 pirulos, no tengo ni la más pálida idea de cómo sortear, al tiempo que paralelamente estoy tratando de entender qué características tendría que tener. Es como ponerse a armar un rompecabezas de un cuadro mientras el pintor recién está armando el atril. Un chiche.
Y como todo esto suena demasiado fácil, regocijábame mientras mis padres se bombardeaban a recriminaciones hasta el punto en que el entonces esposo de mi mamá no solamente se divorció de ella, sino de mí también. Gracias. Y por si me quedaba alguna duda o esperanza, se fue del país.
Y ahí quedé, tratando de ver de que se trata esto de crecer, estudiar, hablar con propiedad, no joder al prójimo, ir a la universidad y demás.
En algún punto del camino armé un esquema en mi cabeza, un sistema de pre-selección de posibles candidatas a novias, con el cual ahorrarme sufrimiento posterior descartándolas por la más sutil sombra de duda sobre su capacidad de hacerme feliz. ¿Fumás? Volá de acá. ¿Gorda? Evaporate. ¿Hincha huevos? Esfumate.
Algo que pasó más inconscientemente fue que, dado que yo a mis ojos era (soy) execrable, la única forma de convencerme de la idea de que tengo algún valor, por ínfimo que sea, es con el visto bueno del universo, de la forma de una novia alucinante. Sobre todo visualmente. O sea, si consigo que una mina que está buenísima se enamore de mí y elija compartir el resto de su vida conmigo, es como si el universo me perdona por existir, me asiente con la cabeza el ser como soy y me da el boleto y la palmadita en la espalda para sentarme a mirar la película, sin invertir tanto esfuerzo en cambiar, mejorar, o simplemente ocultarme para no joder ni ser visto. Si consigo que una mina que está buenísima me elija por sobre otros, quiere decir que soy mejor que esos otros. Y mientras más buena esté, más calidad tienen los aspirantes que rechaza por estar conmigo. Un fenómeno.
O no.
No sé.
Honestamente: no sé.
Su lógica tiene, pero la primera reacción que se nos pasa por la cabeza es "qué pelotudez", ¿no? Y sin embargo, ahí está. Cuando todas estas ideotas se me formaron e instalaron en la cabeza yo era chico, ingenuo, inmaduro, y sobre todo estaba sufriendo por un mundo que no me aceptaba, sin importarle cuánto me esforzaba, y al que yo no entendía. Y ahora andá a sacármelo de la cabeza.
Ahora tengo una novia que, si bien no es fea, no me da la sensación de que el universo me quiere. Me trató muy mal al principio, de vez en cuando sale con cosas estúpidas (como cualquiera), pero más que nada no me siento que tengo un futuro con ella. Pero intelectualmente es fenómeno, tiene muy buen sentido del humor y me conoce bien...

jueves, 28 de julio de 2016

demonios

Durar y transcurrir no es lo mismo que vivir. El día a día requiere atención a los detalles que hacen posible el funcionamiento de un ser humano: desde lo más obvio como trabajar, dormir, ducharse, hasta minucias como hacer las compras, sacar la basura, pagar las cuentas o cambiar una lamparita que se quemó. Estar sin trabajar me da 40 horas semanales y ni hablar del estado mental que eso implica. Así que, a falta de tantas cuestiones mundanas, me puedo dedicar a pensar en cosas un poco más abstractas pero más importantes a largo plazo.
Esto se combina con que hace poco, charlando con un amigo sobre otro amigo, surgió el tema de los demonios internos, esas cosas que heredamos de la niñez, generalmente implantadas por nuestros padres o círculo muy cercano de personas, que hace que tengamos miedos, en muchos casos inconscientes, que funcionan como motivaciones para empujarnos en una u otra dirección a la hora de tomar decisiones o asignar prioridades para nuestra vida. En el caso de este amigo del que estábamos hablando, él tiene una necesidad increíble de caerle bien a la gente, al punto de que siempre va para donde sopla el viento por temor a llevarle la contra a alguien. Es tan extremo, que es muy raro que enuncie lo que piensa, lo que realmente opina de algo. Lo conozco desde hace varios años y es difícil decir qué es lo que le gusta y qué no. Lleva tan largo el asunto que a él mismo le es difícil saber lo que piensa de las cosas. Su autoestima es bajísima (denominador común en estos casos) y le cuesta conectarse con su interior. La causa se deja rastrear sin problemas al período en que su padre fue preso por 6 años, cuándo él tenía 8 ó 9. O sea, esa etapa inicial en la que un hombre se forma como tal se la comió solo y sin más ayuda que dos hermanos menores y su mamá.
En mi caso, gracias en gran parte a un terapeuta alucinante, logré identificar muchos de los demonios en mi cabeza (varios se solapan con los de este amigo), pero uno en particular sigue resistiéndose a dar la cara: el que me toca el botón de pánico y rechazo cuando una potencial novia me confiesa que en algún momento de su historia previa tuvo una aventura sexual. Algo se dispara en mí que no he podido identificar totalmente, ni mucho menos rastrear sus orígenes. Miedo a ser comparado y abandonado es un candidato fuerte, pero hay más. Desconfianza levanta la mano. Miedo a ser usado. Pero la explicación es parcial. Necesaria, pero no suficiente. Le he dado vueltas al asunto durante años y todavía me pega el portazo en la cara, sin miramientos ni excusas. Y la búsqueda no es académica: signa mi vida como pocas cosas lo hacen, dándole marco y dimensión a mis relaciones. Es una organización subversiva infiltrada en lo más profundo en mi cabeza, que se encarga de sabotearme, emboscarme y aterrorizarme. Influye en todo lo que hago, deriva y desperdicia recursos, y desquicia momentos por lo demás perfectamente pacíficos.
Prácticamente cada novia que tuve puso el dedo en el botón, y en particular mi primera novia en Alemania directamente se sentó encima, pero no fue la primera que activó la alarma. Mi primera y segunda novia (las dos chicas con las que salí en Argentina) lo presionaron, hicieron sonar la alarma, y eventualmente eso influyó en la ruptura de la relación. Lo peor de 1NeA es que con su prontuario tomó una idea equivocada, un trauma, un pedo mental, y lo convirtió en un all out desastre mental. Todos los demonios que venían apenas sobreviviendo de pronto recibieron un bono navideño como para comprarse un Aston Martin. 2NeA volvió a tocar el botón, y para cuando conocí a ex-Novia ya estaba prevenido y le pedí guardarse cualquier información al respecto. En alemán le dicen algo así como "dejar en paz a los perros cuando duermen". Y Novia (la actual) apretó el botón más por estúpida, por la forma en que vomitó la mierda que tenía acumulada, que porque realmente haya habido motivos para activar la alarma.
Mirando sobre el hombro, la verdad es que todas esas relaciones eran para ser solamente un capítulo de mi historia. Había otras cuestiones que por sí solas hubieran bastado para romper. Salvo una: la de 1NeA. Y entre nos, todavía me mueve el piso. Doce años hace de esa relación y pensar en ella siempre me hace saltar un latido. Mi reino por saber cómo está, qué fue de su vida. Un día, hará 6 años, me la encontré en la calle y hablamos un minuto, pero yo solamente quería salir corriendo. No estaba listo. No sé si lo estoy, ni si alguna vez lo estaré.
Tengo que identificar esto que tengo en la cabeza, miedo, trauma o como se llame. Tengo que entenderlo y superarlo, pero me temo que vamos a terminar juntos viendo las papas crecer desde abajo.

martes, 26 de julio de 2016

franceses y otras yerbas

Allá por 1978 una señora estadounidense prácticamente desconocida escribió un poema que más tarde se le atribuyó erróneamente a Borges como algo que dijo en 1985 en un reportaje pocos meses antes de morir. Independientemente de la autoría, el poema, que se hizo famoso al punto de ser impreso hasta en tazas y remeras, dice así:

   Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
   en la próxima trataría de cometer más errores.
   No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
   Sería más tonto de lo que he sido; de hecho,
   tomaría muy pocas cosas con seriedad.
   Sería menos higiénico.
   Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
   más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
   Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
   más helados y menos habas, tendría más problemas
   reales y menos imaginarios.
   Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
   cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
   Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
   solamente buenos momentos.
   Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
   no te pierdas el ahora.
   Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
   una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
   Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
   Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
   de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
   Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
   y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
   Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

El otro día, mientras iba en moto de Nîmes a Niza a ver el lugar de la masacre que hizo el descerebrado ese con el camión en los festejos de la Revolución Francesa, por algún motivo pensé en este poema y me dije "no, no estoy de acuerdo".
Empecemos aclarando que no tengo ni la mitad de la edad de la autora cuando lo escribió, así que quién sabe, a lo mejor cambio de idea en el futuro, pero por ahora...
Es que el poema se refiere a la mitad de las cosas. Me explico. Uno puede (esto ya lo escribí antes) ser racista por pensar que el ladrón es el negro, por ser negro; pero también es racista evitar culpar al negro simplemente porque es negro, para conservar las apariencias de imparcialidad o, como se usa decir en Estados Unidos, ser políticamente correcto. De la misma manera, en la vida uno puede pecar de excesivamente conservador o de excesivamente descuidado. Trabajar como un marrano y ahorrar y proceder siempre con todos los cuidados, nos priva de acercarnos a las fronteras de nuestra zona de confort, lo que obviamente nos mantiene aislados de la posibilidad de descubrir, sorprendernos y aprender. Expandir horizontes. En definitiva, nos impide evolucionar, que de eso se trata la vida. Trabajar para el futuro significa sacrificar el presente. En cierta medida esto es bueno, pero no puede ser lo único. El extremo contrario, el vivir cada día como si fuera el último, es obviamente malo, así que ni me gasto en explayarme al respecto.
El tema es, como en tantas otras cosas, el equilibrio, y la verdad que en esto no es como una cuerda floja sobre el Niágara, que hay una línea muy fina, o que el asunto es blanco o negro. La realidad es que hay grises, cada uno encuentra y se deleita con diferentes placeres, y hay mucho margen para que cada uno se mueva como mejor le plazca. Un poco de trabajo, ahorro, previsión, cuidado... y la dosis moderada de diversión, de reflexión, de introspección, contemplación, y de locura y espontaneidad, sería fenómeno. No todos podemos llegar a tener un par de yates y ser presidentes de compañías, ni a todos nos interesa. Pero seguro que a pocos les interesa tener que ir a pasar la noche abajo de un puente. Lo que seguro todos queremos, aunque muchos no estén al tanto, es ser amados, tener satisfacciones de vez en cuando, aunque no sean curar el cáncer.
Mi ventaja, entonces, es que todavía no tengo ni la mitad de la edad de esa autora del poema, así que no tengo que desear una nueva vida, sino que puedo poner en práctica todo esto hoy, ahora. Ya.
Y lo estoy haciendo =)


180°. Mirando a los franceses por 10 días que pasé en el sur de Francia, me dí cuenta, y en esto coincidí con la mayoría de los que estuvimos ahí, que no son tan jodidos como los pintan algunas veces con su arrogancia y estrechez. Son abiertos, hacen a uno sentirse bienvenido, y sí, son particulares. Y si uno les habla en inglés esperando que lo dominen, ahí es cuando se les vuelan los patos y lo mandan a uno a la merde. Y en mi opinión, merecidamente. Otro factor a considerar es que Francia es un país extremadamente rico y variado en cuanto a paisajes, herencia, cultura, actitud hacia el trabajo y tecnología. Los franceses tienen muy buenos motivos para estar muy orgullosos de su país, y en mi experiencia el estereotipo de nariz alta y desprecio puede que se encuentre en París, pero lo que es en el resto de Francia... no sé, no lo vi demasiado. Por supuesto que esta es solamente mi tercera estadía del orden de una semana en Francia, por lo que ponerme a juzgarlos y emitir opiniones y enunciados es arrogante, así que me limito a expresar lo que pude sacar de mi limitada experiencia. Espero poder afinarla con más tiempo allá. Por ahora, le agarré la vuelta un poco al idioma y me dieron muchas ganas de anotarme en un curso en alguna ciudad del sur, cerca de la frontera con España. Además, si me voy a vivir a Luxemburgo, el francés me va a venir muy bien para conseguir trabajo.

sábado, 4 de junio de 2016

pasando la página

Estar desocupado ocupa más de lo que parece. El hecho de que no tengo una ocupación formal remunerada, donde tengo que cumplir un horario, escuchar a un jefe y hacer una tarea a cambio de un sueldo no tiene nada que ver con estar a pedo.
Como empecé a trabajar a los 14 años... a ver, recapitulemos:
- repartí paquetes para el Correo Argentino,
- lavé platos en un restaurante,
- ordené el depósito en un local de ropas,
- vendí productos de limpieza a domicilio,
- revisé el inventario en un local de artículos de deporte,
- trabajé de administrativo en una immobiliaria,
- hice hamburguesas y limpié baños en un local de comida rápida,
- repartí paquetes con la moto en una mensajería,
- hice de fotógrafo en casamientos y cumpleaños,
- limpié y preparé el desayuno en un hotel sindical de 2 estrellas,
- atendí la recepción en un hotel de 3 estrellas,
- estacioné y lavé autos, y cargué el equipaje en un hotel 5 estrellas,
- cargué datos en una computadora en una empresa de supermercados. Esto fue por casi 5 años, mientras estudiaba los primeros años de ingeniería mecánica en Buenos Aires...
- enseñé física y matemática a alumnos universitarios, privado y como asistente de cátedra en la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
En fin, como decía, empecé a trabajar a los 14 años, y esta es una lista de lo que hice antes de cumplir 23 ó 24. Al divorciarse mi mamá cuando yo tenía 4 años, mi padre decidió que yo estaba en buenas manos y se divorció de mí. Mi abuelo materno fue el que adoptó el rol de la manutención; él, por ejemplo, tenía dos Rolex, y me dio todo, absolutamente todo lo que necesitaba, y nada más. Su intención era que no me faltara nada pero que al mismo tiempo aprendiera el valor de las cosas. Él empezó de abajo, teniendo que pedir prestado si necesitaba una aspirina, y sabía lo importante de apreciar las cosas por el esfuerzo que representan. Era un hombre excepcional, con falencias y defectos, pero muy coherente. Bien o mal elegido el lugar donde anclamos, el ancla, él, era muy fuerte, y mientras estuvo y (gracias a su legado) después también, sobrevivimos a todas las tormentas.
En fin, con la idea bien cementada de que si quiero algo tengo que ir a buscarlo, la cosa es que desde que era un adolescente que no paro, y eso no tiene nada de malo, si no fuera porque llegué al punto donde me pregunto "a dónde voy", sumado al hecho que ahorré lo suficiente para parar, sentarme al lado del camino, escucharme a mí mismo sin más ruido que el del pasto creciendo, y ver a dónde quiero ir. Un faro fue siempre el de constituir una buena base económica, no una fortuna, pero sí algo donde me pudiera apoyar si quisiera tomar decisiones. No me interesa ser rico, pero sí independiente y autosuficiente. Y ya como que lo logré. Parte de eso son los títulos profesionales que tengo, que me permiten encontrar trabajo prácticamente donde sea y con eso garantizarme la continuidad de lo que conseguí. De hecho, el problema de mi pérdida de rumbo fue eso, justamente: que ya lo conseguí. No pensaba hacerlo tan joven. Pasó en los últimos 10 años, al punto que, antes de lo que pensaba, le puse un tilde a cada cosa en la lista de objetivos que quería lograr en la vida (sacando lo familiar), y eso me dejó... ¿cómo decirlo?... con la estructura armada y no saber qué hacer. Puedo hacer lo que quiera, pero... ¿qué quiero?
Hace ya 9 meses que marqué horario por última vez en la oficina, y para no sufrir el contraste y caer en un precipicio, me dediqué los primeros 3 meses a estudiar italiano de manera formal, con horario, escuela, deberes y demás. 3 meses más pasé en casa, disfrutando y recuperando mi argentinidad, filtrando las cosas que (ahora entiendo) no sirven. Todo ese tiempo traté de tomar distancia de Novia, para ver, por un lado, si puedo bajar el ruido en mi cabeza y escuchar a mi corazón, y por el otro, ver si ella entendía que así no iba a funcionar. Ambas cosas parecen haberse enfilado bien, así que ahora me siento mejor con ella y me animo a mirar al futuro juntos. Y hace 3 meses que empecé realmente a estar desocupado, aunque me mantengo bastante ocupado entre viajes, fotografía y muchos libros. En todo ese tiempo crecí enormemente como fotógrafo y me desintoxiqué de Alemania, aunque el trauma va a tomar mucho más en disolverse, si es que alguna vez se disuelve completamente. También vi, por primera vez en muchos años, más allá de la obvia insatisfacción, que me tengo que ir de acá. Para una persona con depresión es extremadamente difícil saber lo que necesita, lo que le gusta, así que tiene que tratar de descular esas cosas con trucos, como tratar de ver qué es lo que no necesita o lo que no le gusta. Y ahora, después de haber salido al mundo a tomar aire, veo que esta sociedad es corrosiva para el alma como el humo a los pulmones. Se puede respirar pero no se disfruta, y se alimentan tumores que nadie necesita. No, no puede terminar bien. Mejor irme ahora que el daño todavía se puede revertir. Espero.

 

Siguiente etapa, entonces: Luxemburgo. Novia ya tiene trabajo ahí, empieza en algún momento entre noviembre y enero. Para mí pinta bien porque hay muchas empresas que parece que pueden usar mis capacidades. A ver cómo sale.